Opinión

El corredor atlántico de mercancías

Corría el año 2007 cuanto el entonces presidente de la Xunta de Galicia, Emilio Pérez Touriño, tras reunirse con el presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero, informaba de que en 2012 el Ave llegaría a Galicia. Sucesivos presidentes autonómicos y estatales, de uno y otro partido, más una larga lista de ministros de Fomento fueron dilatando aquellos plazos hasta hoy cuando se anuncia el nuevo plazo de 2024, doce años más tarde de aquel primer compromiso.

No es poca la paciencia de los ciudadanos del Far-West español, el Noroeste que el centralismo considera más alejado que otros puntos igualmente distantes de la geografía española. Contemplar las pantallas informativas en la madrileña estación de Chamartín causa indignación. Largas listas de trenes con destinos varios y la etiqueta Ave se ven interrumpidas ocasionalmente por una aislada etiqueta diferente que informa de los trenes a Galicia o Asturias. Más tiempo de desplazamiento y menor calidad del servicio. Mientras el Ave como el Metro de Madrid o Barcelona permiten disponer de conexión a internet permanente, el viajero del Noroeste se ve incomunicado con exasperante frecuencia.

Si dejamos a los viajeros para comparar el transporte ferroviario de mercancías, de nuevo la discriminación del corredor atlántico respecto del corredor mediterráneo, en tiempos y presupuestos. El último anuncio del ministerio con proyecciones hasta 2030 y presupuesto mínimo de 16.000 millones de euros en el corredor atlántico contrasta con las inversiones y calendario del corredor mediterráneo.

En ese contexto es necesario resaltar el acto celebrado en Madrid con los presidentes de las organizaciones patronales de Galicia, Asturias, León y de la CEOE, voces distintas unidas con un objetivo común que es llamar la atención sobre el abandono relativo del Noroeste español. Una iniciativa de la sociedad civil que se une a las demandas de la comunidad autónoma y que debería de ser apoyada por otras organizaciones sociales. Conviene recordar que las discusiones de estas fechas sobre la formación de Gobierno incluyen aspectos tan relevantes como las inversiones estatales, un juego de suma cero donde lo que unos ganan otros lo pierden.

La citada iniciativa de la Confederación de Empresarios de Galicia debe tener continuidad haciendo llegar sistemáticamente la opinión territorial a las instancias de poder político, económico y mediático. Pues no se trata solamente de la marginación ferroviaria sino de la preterición sistemática en favor de otros territorios con mayor dinamismo económico o simplemente más próximos al poder.

El probable futuro Gobierno soportará demandas constantes de Cataluña y del País Vasco, precisamente dos de las comunidades con mayores niveles de rentas y de desarrollo. La aritmética parlamentaria hará inevitables las concesiones. Será necesario poner en valor las necesidades de otros territorios no solo desde el frente político, donde la actual confrontación de bloques hace imposible cualquier acercamiento, sino desde los movimientos e instituciones de la sociedad civil, ya sean de la esfera socioeconómica o cultural.

A despecho del sesgo de la prensa madrileña, España incluye más diversidad que la representada por las comunidades citadas y mayor diversidad de la que se quiere admitir. Es esa diversidad la que requiere respuestas distintas aunque sus representantes institucionales no formen parte del nuevo bloque de poder que se está configurando. Los cambios en las empresas de comunicación y el declive de la prensa escrita han reducido la información territorial en los llamados diarios nacionales, que en puridad lo son por su distribución y no por su información. Un argumento más a favor de una estrategia de comunicación desde la sociedad y las empresas gallegas hacia los centros de poder e influencia del ecosistema estatal.

Comentarios