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Zapatero en Venezuela

A LA gente de mi generación nos enseñaron que "es de bien nacidos ser agradecidos" a las personas e instituciones que nos ayudaban y el agradecimiento se hacía extensivo a los países que daban a miles de gallegos el trabajo que no encontraban en su tierra.

Entre esos países está Venezuela. Dice Antonio López Ortega, escritor y promotor cultural venezolano, que en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado más de 500.000 españoles recalaron allí, unos huyendo de la dictadura y todos en busca de trabajo para labrarse el futuro.

Venezuela era entonces un país democrático en un continente convulso. Años después, paso lo que pasó y la degeneración de la democracia abonó el terreno al chavismo –la vuelta de todas nuestras pesadillas, dice López Ortega– que en 1999 adoptó como idea fuerza de gobierno "la redención social pasa por un absoluto control del poder".

Bajo ese principio rector, Venezuela tiene su economía destruida –caída del PIB, hiperinflación nunca vista–, sueldos casi virtuales, faltan alimentos, medicinas y productos básicos, hay restricción de libertades y represión generalizada, acoso a cualquier disidencia, inseguridad jurídica, cientos de miles de ciudadanos huyendo del país...

En este escenario, Nicolás Maduro, el sucesor de Chávez, preparó unas elecciones a la carta, con la oposición encarcelada y sin ninguna de las garantías que deben presidir un proceso electoral democrático, las ganó y se coronó a sí mismo

Una farsa electoral que mereció el repudio de los líderes de las democracias occidentales. De todos menos de Rodríguez Zapatero que no solo abaló con su presencia y sus palabras esa mascarada de votación, sino que acusó a la Unión Europea de tener prejuicios ante los comicios de los que dijo "no tengo duda de que los venezolanos van a votar libremente".

No sé decir si el ex presidente padece un extraño síndrome de Estocolmo con Maduro –no quiero pensar que esté subvencionado–; si necesita llamar la atención haciendo el ridículo en contra del sentir democrático general o si ha perdido de nuevo el juicio.

Lo cierto es que su buen talante con Maduro indigna a los venezolanos a los que su régimen lleva al abismo, abochorna a los españoles y es un insulto a los gallegos que lo perdieron todo en Venezuela, incluida la pensión que les niega el chavismo.

En la antigua Grecia se decía que "a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco". No lo descarten en este caso.

Zapatero en Venezuela
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