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Tempestad sobre Washington

El asalto al Capitolio erosionó el prestigio de la democracia de EE. UU. y causó preocupación y tristeza en los gobernantes democráticos europeos y del mundo

OTTO PREMINGER radiografía la alta política estadounidense en la película Tempestad sobre Washington (1962) que escenifica las sesiones de la comisión de investigación evaluadora del candidato del presidente a la Secretaría de Estado. La cinta finaliza con las demoledoras palabras que el senador Robert Munson dirige al presidente de la comisión, el joven idealista Brigham Anderson, que acaban con las turbias maniobras políticas de los senadores: "En el Senado lo toleramos todo: prejuicios, fanatismos. El Senado está para tolerar la libertad. Pero usted nos ha deshonrado… Afortunadamente nuestro país logra sobrevivir a patriotas como usted".

"Usted nos ha deshonrado…". Eso hizo Trump, deshonró a América al rechazar el resultado del proceso electoral, hecho sustantivo de la democracia, e incitar a una turba de hooligans a asaltar el Capitolio causando el episodio más negro de la historia de Estados Unidos. En eso derivó la semilla destructiva del populismo.

Como los hechos ya están bien contados, reservo el espacio para dos reflexiones en clave doméstica a modo de cavilación periodística. La primera para constatar que, aunque todos los partidos condenan la asonada al Capitolio y se alejan del perfil de los exaltados, hay analogías entre lo ocurrido en EE.UU. y lo vivido aquí.

El populismo de Donald Trump tiene seguidores en un lado y otro que practican el discurso del odio, la confrontación y el desprecio a las instituciones e incitan a asaltar el orden establecido. No aceptan la democracia representativa, solo creen "en su democracia" popular.

Juzguen ustedes en qué grado "deshonraron" a España estos que se anticiparon a los energúmenos americanos: los que asediaron el Parlamento catalán en 2011, los que "rodearon" el Parlamento español contra la investidura de Rajoy en 2016 y el Parlamento andaluz en 2018, los independentistas catalanes que violaron la Constitución con el golpe de Estado sedicioso o Vox, el más próximo a Trump. Todos estos son trumpistas distintos que obligan a estar prestos para defender "nuestro capitolio" democrático.

El asalto al Capitolio erosionó el prestigio de la democracia de EE.UU. -segunda reflexión- y causó preocupación y tristeza en los gobernantes democráticos europeos y del mundo que culparon a Trump, su instigador, que pagará por ello. Con este precedente, ¿se atreverá el Gobierno de España, que también culpa a Trump y a sus fanáticos sediciosos, a indultar a los independentistas catalanes condenados por sedición? Si lo hace, ¿qué pensarán los dirigentes de las democracias liberales? Ahí lo dejo.

Tempestad sobre Washington
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