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Se van de Vigo

EL 14 DE JULIO del año pasado el primer ministro portugués, Antonio Costa, puso la primera piedra de la fábrica del grupo franco-japonés Howa Tramico en Valença que llega con una inversión de 10 millones de euros y 70 puestos de trabajo, ampliables a 100. Howa Tramico fabricará aislamientos térmicos y acústicos del interior de vehículos y la producción de la planta será para las dos nuevas gamas que PSA producirá en Vigo a partir de 2018. 

Ese mismo día, el mandatario luso visitó Euro Style, la multinacional francesa que trae 10 millones de inversión inicial y creará 100 puestos de trabajo. Fabricará plásticos interiores y exteriores para las furgonetas Citroen y Peugeot que saldrán de la factoría de Vigo. 

De esta forma, Portugal otorgó representación al máximo nivel para acoger empresas que debían ubicarse en el área de Vigo y se deslocalizan al país vecino que sabe desplegar la “alfombra roja” del precio del suelo e incentivos adecuados para atraer a esas industrias que crearán riqueza en la zona industrial de Valença, a un tiro de piedra de Vigo. 

Portugal otorgó representación al máximo nivel para acoger empresas que debían ubicarse en el área de Vigo y se deslocalizan al país vecino

¿Y cuál fue la reacción en Galicia? Pues hay que decir que en aquellos días de julio y ahora la pérdida de estas inversiones millonarias y de decenas de puestos de trabajo pasó desapercibida. Los gobernantes –de Santiago y Vigo– estaban entonces en precampaña electoral y ahora llevan días entretenidos en la estéril reyerta partidaria para ver quién manda en el Área Metropolitana de Vigo, una nueva estructura político-administrativa que parece estar concebida más para repartir poder que para mejorar el servicio a los ciudadanos ubicados en ese amplio territorio. 

Hace un mes CC OO anunciaba que denunciará al Gobierno de Portugal –¡seguro que está temblando con el miedo!– por las ayudas que brindan a las empresas, que considera competencia desleal para la industria gallega. No sé si lo que hace el ejecutivo luso es competencia desleal, pero sí es manifiesta la ingenuidad del sindicato por desconocer que el capitalismo tiene un campo de juego con pocas reglas y cada uno compite con sus cartas para cortejar a las multinacionales que, de entre los pretendientes, eligen lo que más les conviene. 

Si los gobernantes y sindicalistas gallegos estuvieran más diligentes y unidos no dejarían escapar del entorno de Vigo a estas inversiones millonarias. Pero les gusta más la pelea por unas migajas de poder que por atraer y fijar empresas, puestos de trabajo y riqueza. Una pena.

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