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Los excesos perjudican

HAY MUCHO de exceso en la campaña electoral y los excesos, incluso de los manjares más exquisitos, perjudican. A estas alturas ya estamos hartos de mítines y debates, de tertulias, de promesas y de mentiras, un hartazgo que Fernando Quesada expresó en una viñeta genial en la que un paisano, preguntado por San Pedro «¿Qué preferes, o inferno ou dous meses de campaña electoral?», contesta sin dudar «o inferno».

Es llamativo que todos los candidatos, menos los del partido gobernante por razones obvias, hablan de una España miserable y tercermundista

Aparte de la campaña misma, que es excesiva, los candidatos nos están empalagando con dos mensajes que llaman mucho la atención. El primero, es su facilidad para comprometer miles de millones de euros en rentas complementarias, cheques y subvenciones diversas, subida del salario mínimo, bonificaciones y bajada de impuestos, en definitiva, estado de bienestar y riqueza para todos. Es disculpable que los que nunca gobernaron y no conocen las cifras prometan la luna, pero es más preocupante que los que tuvieron responsabilidades de gobierno y conocen el estado de las cuentas, participen en esta subasta sin presentar memoria económica.

En segundo lugar, también es llamativo que todos los candidatos, menos los del partido gobernante por razones obvias, hablan de una España en blanco y negro, miserable y tercermundista. Un extranjero que escuche mensajes tan negativos y apocalípticos, estará pensando que en este país los niños mueren de hambre, los enfermos están hacinados en los hospitales, de los colegios y universidades salen analfabetos, los mendigos inundan las calles, la precariedad es el signo distintivo de todos los trabajadores… Es legítimo y saludable acosar al Gobierno y a su candidato -que también se exceden presentando una España idílica, igual de irreal-, pero no es verdad que vivamos en un país cutre que se cae a pedazos.

Estos excesos, tanto de promesas inconsistentes, como de visiones de un país apocalíptico o pleno de felicidad, aburren y, sobre todo, no son creíbles. Con todo este lío, «¿a quién votar sin bochorno?» «¿Cómo expresar en un voto toda mi frustración, toda mi ira y todas mis esperanzas?». Son preguntas y reflexiones pertinentes que se formulan dos personajes de El Roto.

Este mismo humorista aporta luz en medio de la confusión cuando aconseja «vote con olfato, nunca falla». Es decir, aplique el sentido común sabiendo que el mapa político puede estar cambiando, pero el mapa de los problemas no, sigue esperando por políticos solventes que sepan buscar soluciones.

Los excesos perjudican
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