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La propuesta de Santalices

EL PRESIDENTE del Parlamento Gallego, desde la atalaya que le permite divisar amplios horizontes políticos, reclama un gran pacto de todos los partidos contra la corrupción. Lo correcto, señala, sería que nos pusiéramos de acuerdo para prevenirla y combatirla porque "la corrupción hace que la gente no crea en sus representantes". Propone el señor Santalices algo parecido a una 'ley de punto final', un hasta aquí hemos llegado, sin que esa propuesta conlleve amnistía alguna para los corruptos que deben someterse al imperio de la ley.

Es una propuesta acertada porque, aunque la gran mayoría de los políticos y empleados públicos son gente decente, existe la percepción de que la corrupción política, institucional, empresarial y sindical protagonizada por unos pocos está instalada en las entrañas del Estado y extendida por el suelo patrio.

Existe la percepción de que la corrupción política, institucional, empresarial y sindical protagonizada por unos pocos está instalada en las entrañas del Estado

El pasado día 10 el periódico El Mundo distribuía un suplemento especial para conmemorar el número 10.000 y más de la mitad de las 184 páginas del especial "recreaban" casos gordos de corrupción, unos levantados por el equipo de investigación del diario y otros destapados por la Guardia Civil o la acción de la justicia. En la relación no están los "casos menores" que se cuentan por miles.

Es una desgracia que desde 1989 las páginas de este diario y la información de los demás medios de comunicación estén copadas por tantos escándalos de corrupción al amparo del poder. Primero, por la cantidad de dinero robado –dinero de todos– que podía ser destinado a sanear las cuentas públicas y a mejorar el Estado de bienestar, y en segundo lugar, por la vergüenza que siente todo español de bien al ver como unos desalmados destruyen la imagen del país y la marca España.

La propuesta del presidente del Parlamento conecta con la exigencia ciudadana de acabar con esa lacra social que devalúa y pervierte el oficio de la política y es un atentado a los valores de la democracia. Pero presiento que tanto los políticos de Madrid, como los diputados que el señor Santalices preside en Galicia, al oírlo hacen suyo el viejo dicho "predica meu frade, por un oído me entra e por outro me sae" porque están más cómodos en el "y tú más" que creen más rentable políticamente.

También es una desgracia que la clase dirigente tradicional no quiera entender la ola de indignación que recorre la sociedad. Su inacción y desprestigio son el pedestal al que se suben los nuevos salvadores de la patria.

La propuesta de Santalices
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