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La hucha del Estado

EL PROBLEMA de las pensiones es tan sencillo que hasta lo entendemos los de letras. Lo explicó el presidente del Gobierno la semana pasada: "desde 2007 el gasto en pensiones ha subido en 54.000 millones y los ingresos cero".

Es la brecha abierta entre los gastos crecientes, que aumentan porque cada mes ingresan en el club nuevos pensionistas y con más esperanza de vida —cobran más tiempo—, y los ingresos menguantes porque, aunque los cotizantes son más por la creación de empleo, aportan menos al sistema debido a la precariedad y a los bajos salarios. Eso explica que los ahorros de la hucha estén casi agotados y que el Gobierno tenga que emitir deuda para cubrir el déficit de la Seguridad Social.

Ocurrencias aparte, como el impuesto a la banca que proponen el PSOE y Podemos, hay aportaciones serias de expertos y agentes sociales para garantizar la sostenibilidad del sistema y resolver un problema tan sensible como importante y complejo. La más acertada —y sencilla— apunta a crear empleo de calidad con nuevos cotizantes y mejores salarios que aporten más recursos a la Seguridad Social.

Ese ahorro y dinero recuperado nutrirían la hucha del Estado que podría pagar más y mejores pensiones y otros servicios del Estado de bienestar

Pero esta solución va para largo por las escasas perspectivas de recuperación salarial, lo que obliga a buscar otras alternativas que capten recursos para mantener las pensiones. Tres están en el pensamiento de la calle.

La primera es la reforma de las administraciones para adelgazar la estructura de todo el Estado: central, autonómico, provincial y municipal. Hay que reducir diputados autonómicos, fusionar concellos, suprimir decenas de subvenciones, chiringuitos y miles de cargo inútiles, un tinglado insostenible que aporta poco al bienestar ciudadano.

Como segunda medida, combatir la economía sumergida y destapar el inmenso fraude porque aquí, hay que decirlo, medio país está subvencionado, trabaja en la economía opaca o ambas cosas, y no tributa.

Y tres, recuperar el dinero robado. ¿Dónde está el dinero del tres, del cuatro y más por cien —¡quién sabe cuánto!— de la obra pública de Cataluña durante 25 años —también en otras partes de España—, el de las tramas Gürtel, Ere de Andalucía, cursos de Formación y tantos recursos desviados en corrupciones mayores y menores?

Ese ahorro y dinero recuperado nutrirían la hucha del Estado que podría pagar más y mejores pensiones y otros servicios del Estado de bienestar. Por tanto, son medidas obligadas que la dirigencia, gobierno y oposición, deben al país si quieren mantenerlo.

La hucha del Estado
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