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Los intereses creados

En una democracia normal es escandaloso que el presidente del Gobierno y el líder de la oposición no se vean y no se hablen 

En Los intereses creados Jacinto Benavente hace decir a Crispín "mejor que crear afectos es crear intereses", frase que es aplicable al entendimiento entre PSOE y PP para desbloquear las instituciones. El acuerdo consagra las malas prácticas de un reparto de puestos que contraviene el espíritu de la ley por mirar más la vinculación de los nombrados a los dos partidos que su cualificación profesional para desempeñar los cargos. 

Pese a estos reparos, es una buena noticia que se normalicen las instituciones con las renovaciones del Tribunal Constitucional, el Tribunal de Cuentas, el Defensor del Pueblo y la Agencia de Protección de Datos, órganos de control de los poderes públicos,  que también normaliza el funcionamiento de la democracia.  

¿Fueron iluminados los responsables de ambos partidos por un deslumbrante rayo democrático? El hecho cierto es que los mandatarios del PSOE cayeron en la cuenta de que el PP no es un nido de fachas, hay gente normal con la que se puede hablar y, a su vez, los mandatarios populares descubrieron que los dirigentes socialistas no son unos rojos atravesados de la izquierda. Ambos partidos descubrieron, al fin, que hablando se entienden los políticos y alcanzan los acuerdos necesarios para el funcionamiento de las instituciones. 

Dicho esto, los ciudadanos de a pie se preguntan, ¿por qué acuerdan el reparto de cargos por ‘intereses creados’ en estas altas instituciones del Estado y no se sientan para analizar los graves problemas que tiene España? ¿Por qué no buscan juntos más estabilidad política para acabar con tanta incertidumbre económica y social?

En una democracia normal es escandaloso que el presidente del Gobierno y el líder de la oposición no se vean y no hablen, que no haya un mínimo diálogo entre ellos con la catarata de noticias negativas que están cayendo sobre España. 

Nadie les pide ‘arrumacos’ de novios, pero se les exige un entendimiento elemental para impulsar el crecimiento económico, que es la garantía de la reducción de las desigualdades que aumentaron con las crisis de 2008 y la generada por la pandemia, y del mantenimiento de los pilares del Estado de Bienestar: sanidad, educación, pensiones, servicios sociales... 

Su obligación es mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y la crisis que vive España les obliga a superar el modelo habitual de confrontación y de enfoques partidistas y desempeñar las funciones de Gobierno y oposición con criterios transaccionales y colaborativos. 
Pero, viendo cómo se comportan, parafraseando a Unamuno, parece inútil pedirles que piensen en España.

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