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Está que se sale

Todos los gobiernos –igual que las personas reciben herencias del pasado del que han de partir para construir el presente y mejorar el futuro aplicando sus programas correctores

TRES INTERVENCIONES catapultaron a la ministra de Hacienda al estrellato en este agosto festivo y políticamente movido.

Primero aplastó a su colega Escrivá cuando habló de aplicar un impuesto compensatorio a la Comunidad de Madrid. A la ministra Montero le faltó tiempo para desacreditarle: "Se lo digo con toda contundencia, no está en la agenda del Gobierno, ni lo va a estar nunca, imponer un impuesto a Madrid". El ministro Escrivá, que parecía un valor sólido, tuvo otro mal día —hace poco patinó con las pensiones de los baby boom— y soportó esta humillación sin inmutarse. ¿Qué le dará la política?

Días después corrigió a la ministra Pilar Llop que de forma descarada presionó al Tribunal Supremo sobre la anulación de los indultos a los secesionistas catalanes. "Que sea el tribunal el que se pronuncie en ese sentido", puntualizó a su colega de Justicia, que hace méritos hablando demasiado.

Pero en la tercera intervención hizo el ridículo político. Fue cuando dijo, sin ponerse colorada, que "la culpa del desorbitado precio de la luz la tienen Aznar y Rajoy, cuyo paso por La Moncloa fue nefasto para la política energética".

Todos los gobiernos –igual que las personas– reciben herencias del pasado del que han de partir para construir el presente y mejorar el futuro aplicando sus programas correctores para solucionar los problemas de la gente. Hacerse la víctima echando la culpa a los predecesores en el Gobierno es el comodín que sacan solo los gobernantes inútiles que no saben cómo enfrentarse a un problema.

A la señora Montero hay que recordarle que entre Aznar y Rajoy estuvo Zapatero, que ellos llevan tres años en el Gobierno y ya deberían saber cómo resolver el problema de la luz que cuesta tres veces más que hace un año, alcanzó el precio máximo de la historia y amenaza con llevarnos a todos a la pobreza energética.

Rebajar su precio era lo que exigían —casi insultando— al Gobierno de Rajoy cuando la luz solo subía un 5 por ciento.

Cuando esta ministra era portavoz del Gobierno y utilizaba el atril de La Moncloa, más para fustigar a la oposición que para informar de los acuerdos del Consejo de Ministros, un día sentenció ante el auditorio que "el Gobierno envidia a otros países por su oposición".

Si sale a la calle sabrá que los ciudadanos también sienten envidia de los gobiernos de otros países que son menos sectarios y cuentan con la oposición para llegar a acuerdos en cuestiones de Estado, anteponiendo el interés general a los intereses personales y partidarios. Que es lo que no hace este Gobierno con ministros descoordinados.

Está que se sale
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