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El protocolo de la abuela

Circula por la red la imagen de una abuela que trata de resolver los quebraderos de cabeza que le causa el protocolo de la cena de fin de año para sentar a la mesa a su familia larga y compleja y que la fiesta discurra en paz.

"A ver, piensa la abuela, Paco, que es del PP, a mi lado para controlarlo; la Mary y Pepi con sociatas pero no sanchistas, así que lejos de Luis que lo pondré al lado de Carles que es podemita, pero vegano y no puede estar cerca del cochinillo. Leopoldo viene con su pareja, el marroquí, y no los puedo sentar con Isidro que es jesuita. Las nietas son lesbianas, el niño ha votado a Vox y el otro a la CUP, que los sentaré junto a Marga que se ha echado un novio bolivariano sin papeles. Y me falta Pepe que es gilipollas... ¿Cómo lo hago?"

La señora, con buen criterio, buscaba que el espíritu navideño no fuera suplantado por las desavenencias familiares que rebrotan por la ingesta de viandas copiosamente regadas con grandes dosis etílicas. En cierto modo su familia representa lo que ocurre en la sociedad, sobre todo en la vida política, cuando desaparece el espíritu de la tolerancia y concordia. Por cierto, esos valores reaparecieron en el aniversario de la Constitución cuando Iglesias, Arrimadas y Espinosa de los Monteros charlaban entre risas en un corrillo en el Congreso, lo que irritó a García Egea y a Rufián, incapaces de entender que tres diputados tan distintos conversaran de forma distendida y cordial.

Tal como está de crispada la vida política, ¿cómo acabaría una cena de fin de año con los líderes de esta tropa política sentados en la misma mesa?

"Entre gente sin complejos es fácil entenderse", explicó Iván Espinosa y Pablo Iglesias justificó la xuntanza apelando a que en las fiestas de Navidad "en muchas familias habrá votantes de UP, independentistas, de Vox, del PSOE o de cualquier otro. Igual que en las cenas de trabajo. Y hablarán y se reirán...".

Créanme que es en lo único que coincido con el diputado de Vox y con el líder de Unidas Podemos: en mantener el diálogo civilizado, tolerante y respetuoso con el que piensa distinto que, antes que enemigo, es portador de otro punto de vista.

Ese talante era el que tenían los políticos de la Transición que, después de defender sus ideas con ardor, salían juntos a tomar unas cañas y hablaban de las cosas de la realidad prosaica. Lástima que estos tres diputados del corrillo y los demás políticos no trasladen ese respeto democrático al resto del año. Dicho esto, tal como está de crispada la vida política, ¿cómo acabaría una cena de fin de año con los líderes de esta tropa política sentados en la misma mesa? Dejen volar la imaginación.

Que tengan una Nochevieja sosegada y cordial y un venturoso Año Nuevo.

El protocolo de la abuela
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