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Conductores agresivos

LUIS JUANCEDA, estudioso de la lengua popular, recoge en su Diccionario de refranes uno que hace años estaba muy presente en el lenguaje coloquial: En la mesa y en el juego se conoce al caballero, que quiere decir que en estas dos actividades se conoce el nivel de educación de las personas. Hoy, este dicho ancestral debería ser completado añadiendo a la mesa y al juego … y al volante, que es una actividad de los humanos que no existía cuando nació esa sentencia.

Traigo esto a colación porque según el estudio Influencia de la agresividad en los accidentes de tráfico de la Fundación Línea Directa y la Universidad de Valencia, 2,6 millones de conductores españoles –110.000 gallegos– admiten ser agresivos-violentos conduciendo su automóvil.

El prototipo de ese conductor es un hombre joven, en torno a 32 años, con estudios medios que circula por vías urbanas y descarga su ira preferentemente sobre mujeres y conductores noveles en forma de insultos, desconsideración, acoso, persecución, maniobras bruscas y hasta agresiones físicas.

Los responsables del estudio recomiendan ignorar a los conductores violentos y maleducados, la mejor forma de dejar fuera de juego a un agresivo es no hacerle caso, señalan

Según los encuestados, las causas principales de la agresividad son el estrés laboral y familiar, las maniobras de otros conductores, los atascos y el alcohol. Señalan también que somos más iracundos cuando vamos solos, amparados en el anonimato, que cuando llevamos a otras personas.

Pero en el fondo de este comportamiento incívico está lo que Alejandro Navas llama asilvestramiento de los españoles. La sociedad, dice el profesor de la Universidad de Navarra, se hizo refractaria a normas y pautas de comportamiento. Muchos padres, añade, quisieron para sus hijos una educación menos autoritaria y los niños acabaron creciendo en un ambiente de gran permisividad, sin normas ni modales. La jungla no es un buen entorno para una vida social viable, concluye.

La conclusión más relevante del estudio es que la alta agresividad multiplica por 30 el riesgo de sufrir accidentes con heridas graves y muerte. De hecho, 300.000 conductores dicen haber estado implicados en siniestros con víctimas en los últimos cinco años y más de 100.000 admiten haber provocado alguno.

El peligro está ahí. Los responsables del estudio recomiendan ignorar a los conductores violentos y maleducados, la mejor forma de dejar fuera de juego a un agresivo es no hacerle caso, señalan. En todo caso, ojo avizor al volante porque los desalmados son muchos y suelen ser persistentes. Sobre todo con el subidón del verano.

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