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Capitán borracho, barco a pique

MIENTRAS MILLONES de niños están disfrutando con los regalos de los Reyes Magos, en alguna dependencia de la Moncloa Pedro Sánchez espera a mañana para abrir la caja con el juguete tan deseado de la presidencia del Gobierno y un día como hoy es obligado decir que ese juguete tiene graves defectos por estar fabricado con piezas que no pasaron el control de calidad que exige la democracia.

Primero. Fue una perversión democrática que el presidente, su gobierno y su partido negociaran la investidura con el líder de Esquerra Republicana condenado por graves delitos —sedición y malversación— contra el orden constitucional. Ninguna democracia del mundo, ¡ninguna!, negocia con delincuentes condenados por la justicia de su país.

Segundo. Más grave aún: un escueto y ambiguo comunicado recogía las capitulaciones que el presidente en funciones no explicó en la sesión de investidura: negociación bilateral sin vetos, consulta a los catalanes —un referéndum camuflado— y la garantía al independentismo, PNV incluido, de "adecuar las estructuras del Estado" a sus aspiraciones soberanistas. En folio y medio está escrito el plan para derribar la arquitectura constitucional de España vilmente atacada por independentistas y populistas en la sesión del sábado ante la pasividad del candidato.

Tercero. Salvador Espriu dejó escrito en La pell de brau, símbolo de resistencia a la dictadura, que "a veces es necesario que un hombre muera por un pueblo, pero jamás ha de morir todo un pueblo por un solo hombre". En este caso la ambición de un solo hombre, Pedro Sánchez, con la aquiescencia del partido, mata a todo un pueblo. Negocia con el Estado de Derecho, degrada las instituciones y asesta un golpe mortal a la concordia y a la imagen exterior del país.

Cuarto. Un amigo más prosaico que Salvador Espriu me recuerda la vieja exclamación que la gente pronunciaba en situaciones límite: "Ay Dios mío, o barco a pique e o capitán borracho! Qué vai ser de nós?". Un capitán sin escrúpulos al que no solo no le importa la destrucción del Estado, pone los medios para dinamitarlo.

Quinto. "Esto se va al carajo", dice Raúl del Pozo, todo se tambalea por la ignominia de despreciar el interés general de los españoles y pactar con los que quieren acabar con la España democrática que nos trajo hasta aquí dignamente. Pero que nadie se engañe, Sánchez perdió el sentido de Estado solo para conservar el poder, no para arreglar el problema de Cataluña.

Lo grave es que el juguete del gobierno en sus manos pone en peligro a todos los españoles.

Capitán borracho, barco a pique
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