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Te regirás por el principio de prudencia

Decían nuestros antecesores, y lo repetían con cierta asiduidad, que la experiencia es la madre de la ciencia y este es un hecho que los científicos conocen muy bien. 

La empírica sumada al conocimiento teórico es la base del desarrollo de la humanidad. La técnica de ensayo y error se repite desde tiempos inmemoriales. Aprendemos mucho de nuestros aciertos, pero muchísimo más de nuestros errores. 

Cualquier profesional que se dedique a aplicar tecnología sabe que el principio de prudencia es básico a la hora de proyectar cualquier sistema. Se trata de prever los problemas y dar un amplio margen de seguridad para así tratar de esquivar la fatídica ley de Murphy por todos bien conocida. 

Existen muchas áreas en la debemos ser cautos y aplicar un margen de seguridad a lo que puede ocurrir. 

Primero se encuentra la preservación sobre todas las cosas de la vida de las personas, que lógicamente es un fin en sí mismo. Jamás olvidemos que la tecnología no tiene sentido si no sirve para mejorar la calidad de vida de las personas. 

Pero también debemos ser prudentes y respetuosos con el ecosistema que habitamos, nuestro maravilloso planeta no siempre bien tratado. 

Luego aparecen otros factores que influyen cuando planificamos un sistema tecnológico, como la generosidad en compartir el conocimiento, la austeridad en el uso de los recursos y otros muchos elementos que es necesario tener en cuenta. 

Nunca tenemos que olvidar a aquellos científicos y tecnólogos que haciendo un ejercicio de enorme generosidad donaron todo su conocimiento y su experiencia, a pesar de que seguramente lo hubiesen podido materializar en riqueza terrena, pero prefirieron hacer el gesto y cobrar su recompensa en reconocimiento y admiración de toda la humanidad. 

Por eso, en este VIII Mandamiento Tecnológico nos referimos a la prudencia que debemos tener a la hora aportar soluciones tecnológicas y tener en cuenta el mayor número de factores posibles para que esta virtud junto con la experiencia siga siendo la madre de la ciencia y cómo no, también de la tecnología.

Te regirás por el principio de prudencia
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