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El emprendimiento, el estudio y el aprendizaje

Intentaré decir las menores obviedades posibles para no agredir del todo la inteligencia del amable lector, pero en este apartado va a ser muy difícil conseguirlo, por todo lo cual les pido disculpas por adelantado.

El emprendimiento, es decir, el arte de crear empresas, no iba a ser una excepción en la necesidad constante de estudiar y aprender.

Esto, que parece bastante lógico y necesario, no todos los empresarios lo tienen claro, siendo en muchos casos un error que se paga a plazos, y cuyas consecuencias finales son devastadoras.

Los focos de aprendizaje en la empresa son diversos y multicolores. Se puede y se debe aprender de:

Los clientes: nuestros clientes nos dan una lección diaria sobre cómo nuestros productos o servicios afectan a la competitividad de su empresa. Son el pulso de nuestro negocio, del bien y del mal hacer. Es nuestra obligación preguntarles periódicamente sobre nosotros.

La competencia: sin caer en el tópico de que la competencia es necesaria, es una fuente inagotable de información y conocimiento, ya que sus objetivos son parecidos, sino iguales, a los nuestros. Poner un sistema automático de recepción de información sobre nuestros competidores nos aportará una enorme ventaja competitiva.

Los trabajadores: nuestros colaboradores también son fuente de información y conocimiento, ya que son los que están a pie de producción y del cliente. También es conveniente tener un sistema de intercambio constante de opiniones sobre la empresa.

Los proveedores: siempre hay que escucharles, tanto a los que ya lo son, como a los potenciales, que son también fuente de conocimiento e innovación.

La familia: nuestras familias, que en líneas generales son nuestros damnificados y víctimas de nuestras cargas de trabajo y nuestros horarios, son un recurso inagotable que ofrece el pulso de la estabilidad emocional del empresario.

Las publicaciones especializadas y la prensa en general: fue un exitoso empresario y amigo el que me afirmó que ineludiblemente le dedica todos los días unos 45 minutos a leer toda la prensa diaria que cae en sus manos, al margen de otras publicaciones especificas de su sector. Debemos tener el pulso y el conocimiento sobre lo que se cuece en nuestra sociedad.

De otros empresarios: poco importa que estos sean grandes o pequeños, que facturen más o menos, que tengan más o menos trabajadores. Todos tienen problemas y oportunidades similares y parecidos anhelos.

De la innovación tecnológica: que, aunque nos parezca en algunos casos ciencia ficción, debemos estar siempre atentos y escuchar las nuevas propuestas que esta nos ofrece.

Y de nosotros mismosno menos importante es nuestro autoanálisis constante, nuestro diario y necesario acto de contrición, donde una reflexiva autocritica se manifiesta, más que necesaria, imprescindible. Esto nos aportara a corto plazo la tranquilidad suficiente para enfrentarnos al día a día, y en el largo plazo la estabilidad emocional que todo empresario precisa.

No pocas veces he manifestado mi visión sobre las características que nos diferencian de las bestias, y la querencia del ser humano por mejorar, desde la historia de los tiempos, sus condiciones de subsistencia, en definitiva, su calidad de vida.

Esta ansia de mejorar tiene que estar muy presente en el área del aprendizaje.

La capacidad y decisión por estudiar y aprender del empresario, debería ser como la de un pozo sin fondo. Un pozo lleno de curiosidad, de valentía, de racionalidad, de inteligencia, de mesura y de otras muchas. Pero sin duda, si tuviera que destacar cual sería el elemento que debería primar en ese pozo sin fondo del estudio y el aprendizaje, destacaría el sentido común, que como decía aquel famoso periodista, no siempre es el más común de los sentidos.

Por eso el VIII Mandamiento Emprendedor reza: Estudiarás y aprenderás de forma constante.

El emprendimiento, el estudio y el aprendizaje
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