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Cuando el USB dejó de poseer los datos

Guardar los datos que generamos ha sido uno de los retos de los sistemas informáticos. Hacerlo además con garantías de seguridad, lo es todo. Todos los que hemos perdido en alguna ocasión el trabajo de semanas, meses e incluso años, nos ha quedado grabado a fuego la cuestión del almacenamiento de datos y su trascendencia. 

En 2021 poca gente guarda sus archivos en un USB; hace 5 años nadie podía vivir sin uno. En 2016 poca gente usaba un CD para almacenar fotos y vídeos; cinco años antes se cargaba todo en estas unidades. En 2011 poca gente archivaba los documentos; 5 años atrás era impensable que se llegara a guardar todo en la nube como se hace en 2021. El almacenamiento de datos, como muchos otros aspectos, ha evolucionado ampliamente en la última década y lo que en su momento fue actual pasó rápidamente a segundo plano. 

En los noventa se comenzaba a hacer popular un accesorio indispensable para el almacenamiento de datos: el disco duro. Nyquist fue uno de los primeros fabricantes de discos duros para ordenadores. Consiguió rápidamente un gran éxito al ser considerado el principal medio de almacenamiento. Sin embargo, en 1998, su sistema quedó desfasado y fue absorbido por nuevos modelos. SyQuest vio como las unidades Zip o los CD grabables le comenzaban a hacer competencia al tener mayor capacidad de almacenamiento. Además, la transferencia en línea ya era una apuesta de futuro y Syquest no estaba a la altura.  

Iomega, otra empresa con éxito breve

Iomega fue una gran empresa del mundo de la informática y la creadora de las unidades Zip, un sistema de almacenamiento en disco que llegó a alcanzar una capacidad de 750 MB.  En 1979 se ideó un nuevo producto con el que evitar que los dispositivos de almacenamiento se colapsasen con la consecuente pérdida de datos, un problema frecuente por aquel entonces. Crearon así su primer producto, la unidad Zip, que cambiaría el curso de la historia. Ventajas como la tecnología anticolisión y ser el primer almacenamiento extraíble de alta capacidad del sector hicieron de Iomega el centro de atención de los usuarios de la informática. Logró además años después reducir el tamaño de sus productos y dotarlos de mayor capacidad. 

Tras este breve pero intenso éxito, sus productos comenzaron a quedar obsoletos a partir de los 2000. Los CDs y DVDs ya le hacían competencia e intentó en un primer momento responder con su primer CD grabable. No obtuvo el éxito suficiente y las pérdidas económicas se agravaron puesto que la industria del CD optó además por abaratar sus precios. 

Finalmente, el USB y las tarjetas flash acabaron por sacarlo del mercado. Actualmente, Syquest y Iomega forman parte de los anales de la historia del almacenamiento de datos pero no han sobrevivido a los cambios y la famosa nube de almacenamiento se ha sobrepuesto por encima de todos ellos.

En el mundo de la tecnología hay que estar preparado para el impacto, igual que un boxeador cuando sale al rin. El boxeador sabe que tiene que estar en alerta, esperando el golpe que más tarde o más temprano llegará. No se trata de si saldrá algo nuevo que enviará al traste la tecnología actual, sino que tenemos que asumir cuándo esto ocurrirá.

El cementerio de las empresas que lo fueron todo y ahora no son más que historia está plagado de casos como estos, más o menos en el mismo nivel de las empresas que pudieron ser y nunca fueron.

Una vez más se demuestra que “Tecnologizarse o morir” es más que una frase más o menos lapidaria. Es una constante que debe prevalecer en el espíritu de una empresa, sea o no sea del sector tecnológico.

Cuando el USB dejó de poseer los datos
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