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Cuando Tower Records perdió el ritmo

Vimos en nuestro anterior artículo como Blockbuster pudo subirse al tren del streaming y desaprovechó la oportunidad. Este mismo tren rodó también por delante de Tower Records y en esta ocasión, pasó tan rápido que no tuvo tiempo de montarse. Hoy analizamos cómo la mayor industria de la música perdió el ritmo de su propio mercado. 

Pese a que lo vintage vuelve a estar de moda, la compra de vinilos no es suficiente para las tiendas de música para salir a flote. Muchas se quedaron atrás hace más de una década. El principal problema fue el ascenso del streaming y las descargas digitales, dejando obsoleto al formato físico. 

En los noventa, Tower Records se encontraba en la cresta de la ola. Era un gigante corporativo con más de 150 tiendas en hasta 24 países. En 2004, se declaró en bancarrota por una serie de malas decisiones ligadas al auge de las descargas musicales. Ahora mismo solo conserva una tienda en Tokio. En su entrada, una señal gigante recuerda: "No music, no life". 

¿Qué ocurrió con las tiendas de música? 

Tower Records nació en un supermercado de Estados Unidos donde, entre otras cosas, se vendían discos de vinilo. Estos pasaron rápidamente a ser el producto estrella y de ahí que surgiera la idea de una tienda únicamente de música llamada Tower Records. El primer establecimiento se abrió en  Sacramento en 1960. 

Con el tiempo y la llegada del CD se multiplicaron las ventas. Tower Records era un negocio multimillonario gracias a esta incorporación y a otras como el Compact Disc, las películas en DVD, los videojuegos, los accesorios o los libros. Sin embargo, el siguiente aterrizaje, el MP3, marcó un antes y un después. Las nuevas generaciones empezaron a sentir que ni se debía pagar por la música ni tenían la necesidad de conservarla en un formato físico. Si la gente puede tener algo gratis o pagando va a elegir, casi seguro, la primera opción.

Para paliar las pérdidas, Tower Records decidió incorporarse a Internet e incluir en sus tiendas la venta de este dispositivos  pero lo hizo demasiado tarde. 

¿Qué aprendemos de esta historia? 

Lo que extraemos de la trayectoria de Tower Records es que algunos trenes son para dejarlos pasar, otros para bajarse en marcha y otros para arriesgarte a subir incluso sin billete. Una empresa que no era en absoluto conservadora vio como perdía el ritmo del mercado y descuidaba a los jóvenes, los principales consumidores de música que comenzaron a optar por los formatos digitales. 
Lo que es seguro que no funciona es:
1º- No observar y escuchar a tus clientes
2º- No vigilar, y cuando digo vigilar es vigilar a la competencia
3º- No escuchar a tus trabajadores y colaboradores
4º- Una vigilancia científico-tecnológica constante
5º- Y última, dejar de mirarse el ombligo

Y aún con estas cinco razones, que creo imprescindibles, no es suficiente.

Hay que subir al rin de la competitividad y plantear el combate como si te fueras a enfrentar a Tyson en sus mejores épocas, sabiendo que te pueden caer por todos los lados.

Cuando Tower Records perdió el ritmo
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