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¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú

DURANTE LA Guerra Fría, el mundo vivió bajo lo que el historiador Rodric Braithwaite definió como "armagedón y paranoia". Las grandes potencias sobrevivieron a ese conflicto gracias a dos conceptos: el equilibrio nuclear y la amenaza de destrucción mutua. Si los EE.UU. atacaban a la URSS o viceversa, la respuesta sería tan destructiva que ambas potencias se aniquilarían. A pesar de todo la amenaza siempre estaba ahí y se agudizaba cuando se producía un conflicto, con la sensación de que un paso en falso nos enviaría a todos a la edad de piedra. Kubrick relató muy bien esa locura en una de mis películas preferidas, “¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú”. 

La cosa empezó a complicarse cuando países como Pakistán e India, mucho menos estables, se hicieron con armas nucleares, y se ha convertido en una pesadilla con el régimen de Kim Jong-un, capaz de someter a su población al terror y la hambruna, y de embarcarse en una carrera nuclear. A la luz de este conflicto han cobrado actualidad dos ensayos, “Los cañones de agosto” de Barbara Tuchman y “Sonámbulos” de Christopher Clark.

Barbara Tuchman ha sido una de las grandes historiadoras y observadoras políticas del siglo XX. Corresponsal en Japón y China, cubrió la guerra civil española y trabajó para los servicios de información de EE.UU. en la II Guerra Mundial. En 1962 ganaba el premio Pulitzer de Historia, con esa obra sobre el inicio de la Gran Guerra, en la que manejaba la tesis de que decisiones erróneas, cuando no estúpidas, llevaron al mundo al desastre sin precedentes sin que nadie supiese muy bien cómo.

Por otro lado, Christopher Clark, nos explica cómo se puede avanzar hacia un desastre sin ser consciente de ello y escribe, "los protagonistas de 1914 eran como sonámbulos, vigilantes pero ciegos, angustiados por los sueños, pero inconscientes ante la realidad del horror que estaban a punto de traer al mundo". Señalando a continuación que, "la gran lección de 1914 es que nos enseña hasta qué punto las cosas pueden ir mal cuando la gente deja de hablar, cuando alcanzar un compromiso resulta imposible. También nos recuerda que las guerras pueden llegar como consecuencia de decisiones rápidas y de cambios súbitos e imprevisibles en el sistema". 

Decisiones rápidas y cambios imprevisibles es lo que está sucediendo hoy en Corea del Norte. Y si los errores necios en política son muy comunes a lo largo de la historia, cuando hablamos de armas nucleares, todo se complica mucho más, porque los errores son irreversibles y tremendos. 

Corea vive "una situación inestable y peligrosa, en la que pueden producirse cálculos erróneos que lleven al desastre", explica Emily Landau, directora del programa de control de armas del Institute for National Security Studies, de la Universidad de Tel Aviv, y autora del libro “Decade of Diplomacy: Negotiations with Iran and North Korea and the Future of Nuclear Non proliferation”.  

En términos similares Roger Cohen, periodista de The New York Times, afirma que "un tirano de 33 años experto en macabras ejecuciones de familiares está apuntando con una pistola a la cabeza de EE.UU., lo que resulta sencillamente inaceptable". Sin embargo la solución militar con la que amenaza el Presidente Trump puede desencadenar una destrucción difícil de imaginar, pues “Corea del Norte es como una abeja, nos clavaría su aguijón mientras agoniza".

No sé cuál será la solución a la crisis provocada por Kim Jong-un pero verdaderamente espero que no sea una guerra de consecuencias y dolor como probablemente la humanidad no haya visto otra. 

¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú
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