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Sobra morbo

El programa ‘La isla de las tentaciones’ se ha convertido en un gran triunfo televisivo de Mediaset en 2020. Cinco parejas en diferentes puntos de su relación conviven por separado en resorts de lujo en una paradisíaca playa del Caribe, acompañados de la ‘tentación’ de 10 solteros y solteras de cuerpos de diseño. Con las cámaras como testigo la cosa se pone peliaguda con aventuras y desventuras (fidelidades e infidelidades si se quiere) de los protagonistas y con más de tres millones de españoles siguiendo el programa.

El sensacionalismo particularmente la televisión, es un fenómeno que se mantiene en constante crecimiento desde la aparición de los primeros medios ‘amarillistas’. No es la primera vez, ni será la última, que surjan programas que disfrutan moviéndose en los bajos fondos de las pasiones humanas actuando de contenedores audiovisuales de mal gusto.

La Real Academia define ‘morbo’ como el «interés malsano por personas o cosas» y también como la «atracción hacia acontecimientos desagradables». En ambos enunciados, lo característico es la atracción o interés por lo malsano o desagradable. Resulta que la actitud morbosa es aquella que se complace en lo que debería producir repulsión o lo que trastorna la capacidad de enjuiciamiento moral. Es decir, lleva a preferencias, éticas o estéticas que conspiran contra un desarrollo armonioso de las capacidades humanas.  

La audiencia masiva, cautivada por la banalidad, a veces perversa, recela de la cultura «porque no vende»

La propagación de lo morboso en la televisión y por extensión en la cultura, es un hecho global, pero en la España de hoy encuentra frenos muy débiles en razón del debilitamiento de nuestra capacidad de reflexión. En cualquier caso, cabe preguntarse: ¿cuánta responsabilidad tienen los espectadores en que las cadenas de televisión rellenen su programación con este tipo de programas? ¿No deberían particularmente las televisiones ejercer su responsabilidad social? 

La audiencia masiva, cautivada por la banalidad, a veces perversa, recela de la cultura «porque no vende». La telebasura produce monstruos tontos, pero lo grave es que son monstruos engendrados en nuestra propia sociedad, que si fuese de otro perfil cultural o intelectual convertiría esta subcultura televisiva en marginal. La televisión funciona como una lupa, y además de magnificar, muestra el detalle de las tragaderas que tenemos.
Para algunos, al menos irónicamente, la televisión es fuente de cultura, porque cada vez que la encienden terminan por irse a la habitación de al lado a leer un libro. Pero estén tranquilos los seguidores de los programas de televisión con grandes audiencias que no tendrán de competidor a Cervantes, aunque puede que sí a la inteligencia, porque como bien dice la periodista Bernice Buresh, «la televisión puede darnos muchas cosas, salvo tiempo para pensar».

La telebasura es inherente a algunos canales de televisión y a sus modelos televisivos, y su rentabilidad a corto plazo ha hecho que sustituyan de la parrilla contenidos de calidad, para dar cabida a estos productos cotillas y morbosos. Desafortunadamente, me atrevo a asegurar que pasarán los años y continuaremos sufriendo estos contenidos de infame calidad, a menos, que el españolito medio se dé cuenta de que como el tabaco o las drogas, la telebasura también puede ser perjudicial para su salud y deje de consumir este tipo de productos.


 

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