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¡Papá, más dinero!

RECIENTEMENTE se ha publicado un informe sobre la educación financiera de los menores en España, elaborado por la Universidad de Murcia, la Fundación Junior Achievement España y MetLife, que analiza cuestiones como "¿A qué edad comienzan los jóvenes a recibir una paga o en qué deciden invertirla?". Me parece especialmente interesante por ser padre y por no tener una opinión clara sobre la cuestión.

La mitad de los estudiantes de seis a doce años encuestados por este estudio, aseguran percibir una retribución ‘periódica’ a partir de los siete u ocho años, cuya cuantía va aumentando, siendo de media a los once de 25 euros semanales, y siendo las chicas las que primero empiezan a percibir la paga. La mayor parte de esos jóvenes no llevan cuenta de lo que gastan en su día a día, a pesar de lo cual, 8 de cada 10 afirman que ahorran para pagarse viajes, sacarse el carnet de conducir o comprar videoconsolas o videojuegos. Curiosamente parece ser que los que reciben la paga con menor esfuerzo son también los que menos ahorran.

Otro dato curioso del estudio es que el 65% de los adolescentes recibe dinero de sus progenitores sin restricciones, sin importar que colaboren en casa, saquen malas notas o incluso tengan mal comportamiento. El 51% de los padres aseguran que solo retirarían la paga a sus hijos por mala conducta, pero tras perder la paciencia, solo uno de cada tres cumple la amenaza.

En la otra cara de la baraja encontramos a los padres que sustituyen la paga por entregar dinero bajo demanda a sus hijos para cubrir sus gastos. Esto favorece la idea de ‘caja común’, en el sentido de que todo es de todos y evita problemas añadidos, como por ejemplo: ¿a partir de qué edad? ¿Cuánto dinero dar? ¿Qué hacer si surgen comparaciones entre hermanos o con otros chicos?, etc. En definitiva, si damos dinero a demanda, los responsables de diferenciar lo que es una necesidad de lo que es un capricho son solo los padres, lo que sin duda tiene partes positivas y algunas también negativas.

Sea como fuere hay que recordar que el dinero no es ni bueno ni malo, es sólo algo con lo que nos relacionamos todos cada día; unos bien, otros mal y la inmensa mayoría, regular.

La educación que reciben los niños les enseña a ser cada vez más autónomos, pero en los temas económicos no es así, a pesar que en algunos colegios se han empezado a estudiar estas cuestiones. En este sentido sí que la paga, adecuada a la edad, al nivel de maduración y a las posibilidades reales, es una buena herramienta de aprendizaje para manejar sus finanzas personales y autorregularse, porque no pueden tener todo lo que se les antoja.

No hay que perder de vista que, optemos por un sistema u otro, este debe ir acompañado siempre de contrapartidas, destinadas a potenciar en los hijos la cultura del esfuerzo y contribuir así a su correcta formación como individuos, preparándoles para su vida financiera adulta. No debemos educarles sin enseñarles el valor y coste de adquisición del dinero y la necesidad de administrarlo convenientemente, gastando y ahorrando con criterio, porque este no sale del cajero sin más.

El estudio que citábamos antes arroja también otro dato: la mayoría de los jóvenes encuestados afirman que es poco el dinero que reciben y que de una manera u otra siempre se las apañan para conseguir más de sus padres.

¡Papá, más dinero!
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