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El narcisismo, la otra epidemia

NUESTRA SOCIEDAD, como Narciso, el bello y vanidoso joven griego enamorado de su propia imagen, sufre una imparable epidemia de autocomplacencia, en la que la gente se mira cada vez más al ombligo, llevados por un consumismo rampante, por la autopromoción en las redes sociales, la búsqueda de fama a cualquier precio, el culto al cuerpo, o el deseo de ser «especial ». Todos síntomas del creciente narcisismo que engulle a las sociedades ricas y desarrolladas, que encuentran en los modernos medios de comunicación y en las redes sociales potentes cajas de resonancia de la cultura del ¡mírame!

Según el The Narcissism Epidemic: Living in the Age of Entitlement, escrito por los psicólogos Jean Twenge y Keith Campbell, desde los años 80 el "comportamiento narcisista aumenta en nuestra sociedad al mismo ritmo que lo hace la obesidad". Naturalmente no afecta a todos, ni a todos por igual, aunque su incidencia es mayor en la clase política (pensemos en el presidente Sánchez) y en la llamada "élite" del periodismo.

Narcisismo y autoestima son conceptos distintos. Hay que distinguir entre una sana "estima del yo", que no es narcisismo, y una anómala "inflación del yo". En el pasado, la autoestima no se perseguía, era fruto del esfuerzo y del consiguiente éxito. No es que las personas con mayor autoestima tuviesen más éxito, sino que este es el que elevaba la autoestima. Por ello, la autodisciplina, la cordura, la contención de la gratificación, el esfuerzo, la paciencia, la tenacidad eran cualidades que definían, entre otros, el valor de una persona.

La cultura de la autoestima gratis y sin esfuerzo contribuyen a la propagación del narcisismo, con la aparición del "dogma de la autenticidad", lo importante no es que el individuo sea trabajador o esforzado, sino que sea auténtico. "Sé tú mismo", es el lema. Así, ya no se mide a las personas por sus actos, sino "por lo que son", lo que hace que muchos busquen más que ser respetados, ser envidiados. El orgullo se sustituye por la vanidad.

Los comportamientos narcisistas individuales, tan antiguos como el hombre, están dando paso ahora a la creciente cultura del narcisismo, asociada al cambio cultural generado por el posmodernismo y sus consecuencias: incremento del individualismo, vaciado de ideales, creencias y convicciones y relajamiento de los vínculos sociales y familiares. El individuo moldea la cultura según su propia imagen, pero parece que también esta moldea al individuo.

En este punto irrumpen las redes sociales alimentando en buena medida el narcisismo de los más jóvenes y los no tan jóvenes, que buscan transformar lo mundano en extraordinario, favoreciendo la exposición pública. Cada día se suben a Instagram 80 millones de fotos, con más de 3.500 millones de likes: "Yo, comiendo", "yo, con mi mejor amiga", "yo, en un local de moda"…

Superar esta situación requiere combatir con firmeza la corrección política (fuente inagotable de narcisismo), que induce a ciertas personas a creer que son especiales, sin mérito alguno, tan solo por pertenecer a un colectivo determinado.

Es fundamental desmitificar los pseudovalores de la cultura narcisista promoviendo la responsabilidad individual y el esfuerzo, siendo conscientes de que la autoestima no se busca, se encuentra con la práctica de las virtudes y el trabajo bien hecho. De ese modo será posible preferir la "vida buena" a la "buena vida".

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