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Trastornos de personalidad

Pedro Sánchez se refirió a Guaidó como líder de la oposición venezolana (lo mismo que dice Podemos), cuando España lo reconoce como legítimo presidente

NO ES FÁCIL saber quién es uno ni quiénes son los demás. El problema de la identidad personal ha ocupado y preocupado a los humanos casi desde el principio del pensamiento. ¿Quién soy yo? ¿Quién es el otro? Esto es cierto. Pero también lo es que, filosofías aparte, la gente normal —si es que hay alguna— se va arreglando sin mayores líos sobre el asunto. Incluso la gente no muy normal, como es mi caso. Y cuando estos problemas de personalidad se agravan convirtiéndose en trastornos, entonces es el turno de que intervengan los siquiatras. Tales serían los casos de los que pretendo hablar y que se han manifestado con dos brotes agudos muy llamativos y hasta difícilmente creíbles. Como era de esperar de mi sectarismo y tendenciosidad, me estoy refiriendo al Gobierno. Recordemos esos brotes.

Uno, creo no equivocarme, lo sufrió Carmen Calvo, que ya había dado anteriormente muestras de inquietantes síntomas. A propósito de algo que Pedro Sánchez había dicho o defendido y después dijo o hizo todo lo contrario (lo que no es nada raro en el personaje), la vicepresidente salió con que no había ningún incumplimiento ni contradicción en el hecho, porque una cosa la había dicho Pedro Sánchez y la otra, la contraria, el presidente del Gobierno. Cuando se oyen declaraciones de este tipo, el mundo se tambalea y ya no sabe uno a qué atenerse. Según eso, todo lo que yo dije en décadas de docencia no lo dije yo, sino el profesor que era yo o no). ¡Jo, si llego a saberlo entonces!

Otro espectacular suceso o trastorno de la personalidad se dio con la ministra de Asuntos Exteriores, señora González Laya, doña Arancha. Es un fenómeno en cierta manera contrario al de la vicepresidente, pues se trata de la asunción de dos personalidades por una misma persona, mientras que el de Carmen Calvo era la disociación de un ente en dos personas (Sánchez y el presidente). ¡Qué lío! La cosa es que Pedro Sánchez (que, por lo visto, es siempre el agente patógeno) se refirió a Guaidó como líder de la oposición venezolana (por casualidad, lo mismo que dice Podemos), cuando España lo reconoce como legítimo presidente. Preguntada sobre el pasmoso hecho, la ministra, un tanto nerviosa, va y dice que no hay motivo para escandalizarse, pues Guaidó es las dos cosas, faltándole añadir o las que hagan falta. Ah, pues todo arreglado. Es que no habíamos caído.

Si alguien de a pie —ni presidente, ni ministro, ni nada— incurriese en tan descabelladas y/o descaradas afirmaciones, inmediatamente sería puesto en tratamiento siquiátrico. Pero en este caso, ni un voto les cuesta. Y así, cualquiera.

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