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No me toquen la gramática

La gramática, por no decir otra cosa. No me refiero a esa otra cosa en la que algunos estarán pensando, que también. Me refiero al lenguaje, la lengua, aproximados sinónimos  de gramática en el contexto de estas líneas. Soy licenciado en Filología Románica, en Español. Fui profesor de Lengua y Literatura españolas durante treinta y siete años en un instituto, primero femenino, después mixto y ahora sabe Dios. Tras la jubilación, en ocasiones sigo impartiendo mi magisterio (¡cómo suena esto!) por libre. Y aunque mis preferencias van hacia la literatura, no dejan de sonarme algunas cosas de gramática. Quizá por ello, me molestan especialmente ciertos usos que se están intentando imponer por causas ideológicas, que no lingüísticas.

Me abrocho el cinturón y me pongo el casco, porque voy a hablar del lenguaje feminista, y eso acarrea un peligro de fuertes chaparrones de críticas o insultos cuando se disiente. Allá voy. Lo del lenguaje inclusivo, creo que se llama así a eso, es un coñazo (vaya, otro machismo este vocablo, estoy perdido) y consiste en tener que decir, por ejemplo, españoles y españolas, chicos y chicas, futbolistas y futbolistos (ah, esto último no), sin que el masculino (cierto que por machismo histórico en el origen), englobe los dos géneros. Pero existe la ley de economía en el lenguaje que consiste en emplear el menor número de palabras cuando se entiende lo mismo el mensaje. Y a esa ley lingüística se debe (no actualmente a ningún machismo) el emplear el masculino cuando hay mezcla de géneros. Podía haber sido el femenino en una sociedad matriarcal, pero no fue el caso. Y la historia, contra lo que pretenden los sectarios revisionistas hoy tan proliferantes, no se cambia: lo que fue, fue.

Existe la ley de economía en el lenguaje que consiste en emplear el menor número de palabras cuando se entiende lo mismo el mensaje

Otro caso, quizá más discutible, es el del género de ciertos nombres. Me suena, de mis lejanísimos y relativos estudios, que, en general, el español marca con una -a final los femeninos, mientras los respectivos masculinos se marcan con una -o (mon-o/mon-a) o con ausencia de marca en palabras acabadas en consonante (león/leon-a). Hay varias excepciones a esto, como los femeninos en -esa (abad /abad-esa) o cuando para los dos géneros se utilizan palabras distintas (hombre/mujer). Pero el caso concreto al que me refiero es el de aquellos nombres de profesiones o cargos que no marcan el género, porque valen para los dos, acudiendo entonces al artículo o los determinantes para concretarlo (el juez/ la juez), el presidente/la presidente, el estudiante/la estudiante). Si por feminismo se utiliza una -a para estos femeninos, por masculinismo debería utilizarse una-o para el masculino (president-o/president-a).
He dicho. Disparen.

No me toquen la gramática
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