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Maradona y la desmesura

¿Y fue Maradona el mejor de todos los tiempos? Imposible saberlo. Épocas distintas admiten mal las comparaciones en el mundo del deporte

LAS REACCIONES a la muerte del Pelusa han sido toda una exhibición, una más en estos tiempos, de desmesura, ese vicio —contrario a la nobilísima y hoy casi olvidada virtud de la mesura— que campa por sus respetos, desde los medios de comunicación a las reacciones de la gente común, desde la política al deporte. Ya no se diga en las nefandas redes sociales, donde la desmesura, el descontrol, el griterío y el desquiciamiento tienen terreno abonado; es más, tales lacras son en buena medida la clave y el sostén de esas redes. Pues con el fallecimiento del astro argentino —sin duda entre los mejores futbolistas de la historia, y no repugna ponerlo de primero— la desmesura se ha enseñoreado de noticias y homenajes. Algo, en efecto, muy propio de esta época y nada positivo, sino todo lo contrario. Vayamos por partes y reservemos la última para lo estrictamente futbolístico.

"Fabló mío Cid, bien e tan mesurado". Así dice uno de los versos del comienzo del Cantar del Cid, la primera gran obra de la literatura española, allá por el siglo XII o quizá ya XIII. Temprano aparece ya la mesura como cualidad esencial del héroe, una cualidad central en Rodrigo Díaz de Vivar y que lo distingue y eleva sobre otros: la mesura, el comedimiento, el equilibrio, el no pasarse, el dominio de sí. Durante siglos, en unas épocas más que en otras (por ejemplo, no en el Romanticismo), la mesura se ha tenido como algo imprescindible en las personas de bien, en los tan olvidados caballeros y damas, que no serían tales sin esa virtud. ¡Qué distinto de ahora!

Pero volvamos a Maradona, desmesurado él también. Para los argentinos y los napolitanos —tan dados a la desmesura— más que un extraordinario futbolista, más que un héroe: un santo, un dios. Y no es inventado que miles de sus seguidores han llegado a crear una religión que le rinde culto. Si a esta veneración se le suma la histeria colectiva, potenciada hasta el infinito por las redes sociales y los omnipresentes medios comunicación, tenemos como resultado lo visto a su muerte. Y no olvidemos que la mano con la que marcó aquel decisivo gol a Inglaterra en los mundiales de México86 pasó a la historia como la mano de Dios, o sea, de Maradona, quedando totalmente relegada a la insignificancia la flagrante ilegalidad de la jugada. Desmesura.

¿Y fue Maradona el mejor? Imposible saberlo. Épocas distintas admiten mal las comparaciones en el deporte. Pero es opinión casi unánime que el póker de ases del fútbol de todos los tiempos lo forman Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona. Y para el repóker, ahí está Messi (con Cristiano Ronaldo a su lado o casi, como siempre) de principal candidato. Pero estas cosas las decide la historia, la pequeña o no tan pequeña historia del fútbol. Y Messi aún no es historia

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