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Mañana me toca

Por dos días no coincide mi pinchazo con mi santo, lo que hubiera sido todo un detalle del Sergas

EN ESTOS TIEMPOS, en estos malditos tiempos, el título del presente artículo no tiene nada de ambiguo, de inconcreto. Al menos entre la gente de mi quinta y quintas próximas es el tema de moda, aunque a los jóvenes, de momento, ni les vaya ni les venga. ¿Qué es entonces lo que me toca mañana, sin necesidad de precisar más? Usted lo ha dicho, caballero; usted lo ha acertado, señora. Mañana me toca ponerme la vacuna del covid19. No es que me haga gracia, porque soy aprensivo a tope, pero mucha menos gracia me hace no ponérmela y andar por ahí a pecho descubierto, por mucha mascarilla que lleve y mucha terraza que chupe. A la fuerza ahorcan, así que a vacunarme, que esto sí que es una vacunación de rebaño, a la espera de la inmunidad de ídem. Supongo que la cosa será parecida a la de la mili, cuando nos ponían en fila y nos iban pinchando en un santiamén contra el tétanos, tifus o no sé qué. Claro que en aquella época uno era un mozalbete y ahora no, lo cual no es pequeña diferencia, ni para esto, ni para nada.

Se toma conciencia de que se va envejeciendo, cuando las citas sentimentales o para ir de juerga van siendo sustituidas por las citas médicas. No hace falta otro síntoma, entre los muchos que hay: ese es suficiente. Y menos mal sí has llegado hasta aquí sin ser un asiduo de consultas, clínicas, sanatorios u hospitales. Porque a partir de ahora, salvo algún privilegiado que siempre habrá , esas citas serán las que, en cierta medida, marquen el ritmo de tus días ¿Dónde van aquellas citas tan dulces y excitantes con ella? ¿Dónde aquéllas con los amigotes para comer, beber y lo que fuese? Ubi sunt?

Vuelvo a las vacunas. La verdad es que se ha armado un lío regular con algunas, en parte por una negativa actuación de los políticos, que lo único que tendrían que hacer en este asunto es seguir las pautas de los expertos y seguirlas a pies juntillas, cosa que no siempre ha ocurrido. También es cierto que —y posiblemente sea inevitable— algunos medios de comunicación y, sobre todo, las redes sociales, han colaborado en el alarmismo que se ha creado sobre la cuestión. Y, desde luego, la necesaria urgencia con que todo este proceso se ha desarrollado hace que forzosamente tengan que surgir dudas y vacilaciones. Pero, pese a todo, una cosa está clara: hay que vacunarse. Millones y millones de personas están haciéndolo en todo el mundo, y las que no lo hacen es porque no pueden o porque prefieren jugar a la vacuna rusa (perdón: ruleta, no vacuna).

Por dos días no coincide mi pinchazo con mi santo, lo que hubiera sido todo un detalle del Sergas. Pero así celebraré mi onomástica (nunca la celebro, pero bueno) generando a todo meter inmunidad contra el coronavirus, el puto coronavirus. 21 de abril, a las 9.46, en el Hula.

Mañana me toca
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