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Impeachment de Pedro Sánchez

ESTÁ MUY bien eso del impeachment de Donald Trump y lo apoyo, pese a que muchos de sus contrarios, no todos, me caen como una patada en la barriga o en salva sea la parte. Me queda un poco lejos la movida de Ucrania que lo provoca, pero eso no tiene mayor importancia, ya que Trump es bastante impresentable en general, de fondo y formas. Para mis verdes ojos (verdes por ecologistas), bastaría con su cerril actitud ante el cambio climático o calentamiento global y ante la conservación de la naturaleza para merecer sobradamente la destitución, que creo que no otra cosa significa, prescindiendo de matices, impeachment. Pero yo no he cogido la pluma (bueno, el ordenador) para hablar del presidente americano, sino del español, que es mi especialidad. Punto y aparte, entonces, y a ello.

Y ello es que alucino. Es superalucinante que, para mantenerse en el puesto, un presidente de Gobierno de cualquier país (en este caso España) esté recabando en oficiales negociaciones (es decir, concesión va y concesión viene) el apoyo de un partido (en este caso ERC) que considera al país del susodicho presidente como enemigo, que promueve e intentó la secesión, que se salta a la torera la Constitución, que no reconoce al jefe del Estado, que tiene a su líder en la cárcel por graves delitos. Que suceda todo eso que está haciendo Sánchez, no creo que tenga precedentes en el mundo mundial, por lo menos en el mundo civilizado políticamente al que España debiera pertenecer. Superalucinante, decía, pero sobre todo bochornoso e intolerable. ¡Lo que hay que ver!

Intolerable, pero lo toleramos. Por el contrario, yo veo que ahí se da un clarísimo motivo de impeachment. Y lo digo en inglés para que también me entiendan los independentistas catalanes, que son muy dados a las pancartas en ese idioma, quizá para internacionalizar el conflicto o para que no les salga un sarpullido si utilizan el español ou por ámbalas dúas cousas. Esas negociaciones y ese pacto que está pergeñando Sánchez son causa evidente de destitución. Imagínense algo parecido en Estados Unidos o en Francia. Pero es imposible tener tanta imaginación.

Para terminar, unas interrogaciones colaterales más bien retóricas. ¿Cómo es posible mantener firmemente la sentencia condenatoria a los líderes independentistas cuando se está negociando con ellos? ¿Cómo van a tomar en serio en Europa los requerimientos de extradición de los prófugos? ¿No son entonces estas negociaciones, aunque no fructificasen, un poner palos de facto en las ruedas de la justicia?

¡Impeachment xa!

Impeachment de Pedro Sánchez
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