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El estado de la nación

Lo grave es que no haya una unánime, inmediata y contundente respuesta de este Gobierno, sostenido de manera explícita por la extrema izquierda

PESE A LAS resonancias solemnes del título, este artículo de solemne no tiene nada. El estado de la nación, esa España nuestra, se define rápido y contundentemente: de pena y de asco. La degradación general del país es algo ya detectable cotidianamente. Y sí, cada vez nos vamos pareciendo más, salvadas las distancias de pertenecer a Europa, a esa Venezuela bolivariana que tanto admira, aunque ahora se lo calle, el vicepresidente del Gobierno. Manda carallo que alguien con esas ideas y esas actitudes haya sido nombrado para tan alto cargo. Pero de eso, clave y síntoma de la degradación patria, hablaremos más adelante. Porque de tan escandaloso hecho hay que hablar una y mil veces, sin miedo a repetirse, por lo menos como desahogo.

Pero empecemos por Cataluña, por las elecciones y por el efecto Illa, un efecto que, en el fondo, acabó —como ya se predijo en artículo anterior— siendo un defecto. Porque los votos que ganó el exministro no fueron —no podían serlo— a costa de los independentistas, sino a costa de los que más claramente se les oponían. El resultado es que los independentistas tienen mayoría y sus opositores más numerosos, los socialistas, serán mucho más comprensivos que populares y ciudadanos, no haciendo ascos a componendas varias, como ya se ve en Madrid y ahora se verá en Barcelona. En Madrid, ERC apoyando a Sánchez para que se mantenga y vaya pagando los precios del servicio. Y ahora en la ciudad condal, los socialistas a devolver el favor, por supuesto también desde fuera y disimulando. Maravilloso efecto Illa. Maravilloso para Sánchez y secesionistas; para España, peor que peor.

Alucinantemente, el estado de la nación pasa estos días por el baladí caso de un rapero que tiene que entrar en prisión por uno o varios delitos, de los que ya tenía antecedentes, creo. Por cierto que el tal Hasél o Hasel no me sonaba de nada, pero eso es por mi ignorancia supina sobre cuestiones de arte y de artistas. Pues se ha montado la marimorena, con calles convertidas en campos de batalla, destrozos millonarios y duros enfrentamientos con la Policía, enfrentamientos de los que la mitad podemita del Gobierno o hace responsable a las fuerzas de orden público o calla. Los violentísimos antisistema de extrema izquierda dicen tenerse nada menos que por antifascistas, hay que joderse.

Que aparezcan cosas así quizá sea inevitable en estos tiempos. Lo grave es que no haya una unánime, inmediata y contundente respuesta de este Gobierno, sostenido de manera explícita por la extrema izquierda (antisistema, aunque ahora disimule) y sostenido —de manera indirecta pero fundamental— por los secesionistas catalanes. Y ahí está Sánchez, hacedor y beneficiario de tal aberración. Este es el estado de la nación. Y, además, el coronavirus. ¡Socorro!

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