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Ecologismo y animalismo

HACE UNOS días me preguntaron cuál es la diferencia, de haberla, entre estos dos conceptos. Más concretamente, la pregunta era si yo me consideraba ecologista o animalista. Por supuesto que las dos cosas, contesté, aunque no sean exactamente iguales. De hecho, en un primer momento iba a titular este artículo Del ecologismo al animalismo, pero lo deseché por sugerir una evolución que puede llevar a engaño, aunque algo de verdad tiene. Veamos.

El ecologismo es la defensa de la ecología, del equilibrio y la conservación de la Naturaleza, de las especies que la forman. Un inciso. No hay que confundir al ecologista con el ecólogo o estudioso de la ecología. El primero es un activista, al menos de intención; el segundo, un especialista en esa rama de la ciencia. A veces coinciden ambas facetas en una misma persona, pero a veces no. Fin del inciso. El sentir ecologista se centra en las especies y en los ecosistemas: que no se extingan los urogallos, que no sigan desapareciendo las selvas tropicales, que los océanos no se conviertan en depósitos de plásticos letales para la fauna marina, etcétera. Sus móviles o fundamentos -por estar basados en la ecología- son, digamos, quizá más científicos que sentimentales o éticos, aunque estos dos componentes sean también fortísimos y ya está asentada una indispensable ética ecologista.

El animalismo da el paso de la especie al individuo y, sin abandonar el rigor intelectual, pone el sentimiento y la ética en primerísimo plano. Su preocupación es evitar el sufrimiento a cualquier animal y defender su derecho individual al bienestar, la libertad y la vida, tanto da que sea un animal salvaje como doméstico de compañía o de producción. El animalista -como ya he dicho en otras ocasiones- equipara a los humanos con los otros animales en aquello que son indiscutiblemente equiparables; es decir y repito, que toda repetición es poca en esto: la capacidad de sufrimiento, el derecho a vivir la vida que a cada uno le corresponde según su naturaleza y sin que los humanos les privemos de la libertad ni los maltratemos de ninguna manera. El actuar cruelmente contra cualquier animal es un acto inmoral, debiera ser siempre ilegal y, en consecuencia, castigado legalmente.

¿Puede haber ecologistas no animalistas o viceversa? Buf, quizá podría, pero…

Y permítaseme que termine con un poemilla de mi libro A veces, titulado Hermanos. "A veces encuentro una hormiga en el camino / cualquier bicho pequeño y afanoso. / Se esfuerzan en vivir / y yo me esfuerzo en vivir. / Ellos y yo moriremos. / No hay fraternidad mayor. / ¡Cómo voy a pisarlos!".

Ecologismo y animalismo
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