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Que cuarenta años no es poco

DICE EL tango que veinte años no es nada. Lo repetía Marta Rivera en el título de la novela que abrió su carrera literaria. Tendrán razón. Pero cuarenta años, el doble, no es poco. En mi caso, más de tres mil artículos aquí, en El Progreso. Por cierto, ¿habrá algún fiel, sufrido y heroico lector que haya leído todos o la mayoría? De existir, cosa harto difícil, me gustaría conocerlo personalmente, para expresarle mi más sincero agradecimiento y mi admiración.

El día 24 de enero de 1981 aparecía en este diario una sección denominada Ecología Lucense. Y su primer artículo se titulaba Una presentación y una denuncia de urgencia. La presentación era la mía y la denuncia iba contra la construcción de una pista en los Ancares. A partir de ahí, todo lo demás hasta hoy. Las secciones se fueron sucediendo. Tras Ecología Lucense llegó Ecologismo, después Naturaleza, Sottovoce, Escritos Póstumos y, por fin, El Guirigay. Mucho. O, si lo prefieren, demasiado. Pero las quejas han de dirigirse en primera instancia a José de Cora, por aquel entonces director de este periódico, quien con temeraria generosidad me abrió las puertas de El Progreso.

Tras cuarenta años, debo reconocer que estoy algo cansado. Pero cansado, sobre todo, de la realidad. Una realidad que aquí y ahora (hic et nunc, que diría si hablase latín) se ha vuelto bastante desagradable. Primero, por lo del maldito covid-19, y las limitaciones y miedos que ha sembrado en nuestras vidas. También por los Sánchez, Iglesias y demás que, asombrosa y lamentablemente, nos gobiernan. Ya no digamos por el clima o empanada mental que las redes sociales han ido generando en un alto porcentaje de la población. Muchas cosas, demasiadas, de la sociedad actual no me van y me molestan. A veces he dicho que cuando uno no está de acuerdo con algo, debe protestar, pero cuando uno no está de acuerdo con nada, es el momento de callarse, del tiempo de silencio. Eso he dicho, pero…

Pero donde dije digo, digo Diego. Tras celebrar este cuarenta aniversario como articulista y si mis señoritos (tal como solía llamar Paco Umbral a sus jefes periodísticos) de El Progreso me lo permiten, voy a seguir en el tajo. Pero seguir un poquito nada más, no se alarmen. Les garantizo que no llegaré a las bodas de oro. Más que nada porque soy partidario de las retiradas en el esplendor de la belleza y en plenitud de facultades. Y temo que ya me haya pasado un pelín al respecto.

Vuelvo la vista atrás, a cuando empecé mis colaboraciones periodísticas. ¿Cómo era yo entonces? Obviamente, más joven, mucho más. Y distinto. Hasta el punto de que varias veces me he preguntado si, con el paso de los años, no nos iremos convirtiendo en otra persona, pese a que el carnet de identidad siga empeñado en identificarnos como la misma. ¿Yo soy aquel mismo yo de hace tanto tiempo? Lo dudo. Que cuarenta años no es poco.

Que cuarenta años no es poco
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