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Yo no te pido la luna

Canción de cuna y preinvestidura para Sánchez e Iglesias. Ni la melodía suena bien ni la letra se entiende mucho
Pablo Iglesias. JUAN CARLOS HIDALGO (EFE)
Pablo Iglesias. JUAN CARLOS HIDALGO (EFE)

Cuando Julio Verne viajó a la Luna un siglo antes de que tal gesta se hiciera realidad, el ser humano depositaba en la improbable y fogosa imaginación del escritor francés un acontecimiento que trascendía la mera pero brillante ficción de una mente tan creativa como prodigiosa. Julio Verne fue capaz de viajar por igual a la Luna y al centro de la Tierra, adelantándose a su tiempo y al propio conocimiento científico y tecnológico de la época. Cuando tal día como hoy, 21 de julio de 1969, el astronauta Neil Armstromg puso su pie en la superficie lunar pronunció la célebre frase: «Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad». De tal forma que la llegada del hombre a la Luna se recuerda, valora y venera como una de las grandes hazañas de la civilización del siglo XX, después de que no prosperara la teoría frustrante de que todo se hizo desde un estudio secreto de Hollywood. El mundo transitaba entonces por la melancolía de finales de los 60 en espera de una nueva revolución industrial que llegó con internet y la era digital dando esquinazo a la ficción. Cincuenta años después, en pleno siglo XXI, celebramos este redondo aniversario en vísperas del debate de investidura de Pedro Sánchez. Y aunque todos los astros giran alrededor del Sol no está claro que los planetas se alineen para favorecer la continuidad del líder socialista en el Palacio de La Moncloa como adorado centro del Universo. 

A la Luna le han cantado todos los poetas y escritores desde Julio Verne a García Lorca. La música ha hecho justicia al satélite de la Tierra hasta lograr que un simple toro se enamorara de la Luna. La balada de procedencia italiana canta con rabia que "Yo no te pido la Luna", en claro reproche amoroso que encuentra reflejo y paralelismo en la política de hoy. Pablo Iglesias, después de eso que el lenguaje podemita de inspiración marxista llama consulta a las bases, también le canta y reprocha a Pedro Sánchez que no le están pidiendo la Luna, sino únicamente sillas en el Consejo de Ministros a cambio de su apoyo necesario. Y del mismo modo, Sánchez también le tararea a Iglesias que pedirle el voto para sortear la investidura no es pedirle la Luna, sino simplemente ofrecerle un pacto natural de izquierdas que se podría torcer en caso de nuevas elecciones. La dificultad de las derechas para formar gobiernos estables debido a la fragmentación del voto puede empeorar en las izquierdas si Íñigo Errejon consuma el salto de su partido a la política nacional dividiendo aún más el sufragio. Se supone que por su procedencia comunista y su preferencia bolivariana no pasará de llamarse Más Madrid a Más España, por aquello de que contiene la palabra patriótica maldita para la izquierda radical republicana. Pero lo que no cabe duda es que una investidura fallida contribuye a echar Más Madera al fuego destructor de la estabilidad y a la hoguera de las vanidades. 

Llegados al debate de investidura, y bien entrado ya en el cálido verano, España se merece tener Gobierno y a ser posible que no mienta. La gobernabilidad de España se ha convertido en urgente porque esta situación de interinidad no favorece en nada la certidumbre de un país aquejado de mayorías precarias. La conquista de la Luna resultó en 1969 tan complicada como lograr en esta década del nuevo milenio una investidura de Gobierno en España. La cara oculta de la Luna sólo deja ver pronósticos de encuestas que dan subida al PSOE y posiblemente al PP. Pero esa cara oculta también esconde los riesgos de un vuelco a izquierdas o derechas que bien mirado significaría la solución al dilema lunar, esto es, acercarnos a mayorías estables que permitieran a España salir de este letargo y superar una gobernabilidad imposible desde los 137 escaños de Rajoy y los 123 presentes de Sánchez. 

A este paso, llegar a Marte en 2038 va a ser más probable que alcanzar un Gobierno estable en España. Y desde luego, volver a la Luna en 2024 es muy posible antes de que se resuelva esta lamentable pelea de gallos y egos, antes de que el bipartidismo se recomponga en mayorías posibles más allá de la suma azarosa e incierta de las siglas. Como en la política española, la alianza ideal en la carrera espacial es lograr volver a la Luna o alcanzar Marte en solitario. Pero del mismo modo que no se debe descartar una alianza entre Rusia y China, la izquierda debería hacerse mirar bien la soberbia y meditar el alcance de sus actos egocéntricos. En las derechas otro tanto de lo mismo para Madrid, Murcia y la hipótesis de una supuesta mayoría en caso de repetición electoral. Porque no hay nada peor para un país que unos líderes repletos de altiva arrogancia y aires de engreimiento; líderes faltos de generosidad democrática y huérfanos de entrega al interés general por encima de egoístas personalismos. Como ya se sabe, hay un gallego en la Luna, y no creo que sea Rajoy o sea Feijóo. En esta nueva era espacial se impone tocar la Luna con las manos y poner el piloto automático del Apolo rumbo a la responsabilidad.


Hipótesis de elecciones

Los partidos mantienen engrasada su maquinaria electoral por si fracasa la investidura de Sánchez. El PSOE, que tiene en su mano la iniciativa de la convocatoria, nunca ha dejado de abonar su política electoralista. En el caso de Podemos, el motor puede griparse si Errejón da el paso nacional y sus votantes hacen responsable a Iglesias de una hipotética repetición. Las derechas ensayan la dificultad de su alianza en Madrid y Murcia, si bien tanto a PP como a Ciudadanos y Vox les vendría bien una legislatura corta de dos años para cargar pilas electorales. Sin embargo, las tres formaciones exploran fórmulas como la navarra para hacer frente a la división del voto que favorece al PSOE. Una de ellas pasa por la lista conjunta en el Senado, tanto nacional como territorial en Navarra y Cataluña, que permita recuperar la mayoría, y por tanto, el control del 155, ahora en manos socialistas. Ciudadanos rechazó esa alianza en los anteriores comicios. En el caso de nuevas elecciones, Vox arriesgaría más por lo que está abierto a pactos.

La lección de Pastor

En su cuenta de Twitter, Ana Pastor Julián, expresidenta del Congreso y actual vicepresidenta, ha contestado a Carmen Calvo. La vicepresidenta socialista considera que "el feminismo no es de todas —bonita— sino del PSOE", en contra incluso de lo que piensa la primera general española. Pastor dice: "Millones de mujeres han transformado y siguen transformando la sociedad sin pertenecer a un partido político. Un poco de humildad viene bien". El tuit tuvo miles y miles de 'me gusta' y retuits, porque hay grandes causas que están por encima de la apropiación política. Es el caso de la migración, la memoria histórica, las libertades, el LGTBI o el feminismo. Pastor sigue dando la batalla como mujer pionera del PP desde la mesa del Congreso, pese a que tuvo la oportunidad de encabezar la lista de los populares a las elecciones europeas. Reconocida marianista, Ana Pastor ha sabido reinventar su papel dentro de la etapa más dura del PP. Porque esa travesía del desierto en la oposición ya la hizo con Rajoy. Y con éxito.

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