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Un hondo penar

Música y letra para este momento de España. Canción de la verdad a 12-J, fecha de democracia y elecciones
Pedro Sánchez. CHEMA MOYA (EFE)
Pedro Sánchez. CHEMA MOYA (EFE)

EN EL SILENCIO profundo y solemne de la catedral de la Almudena de Madrid se adivinaba un hondo penar. Como la canción de Agustín Lara que tan bien supo decir con fatal desdicha rota nuestra grandísima Luz Casal, el funeral por los 45.000 fallecidos reales a causa del coronavirus nos hizo pensar en ellos y cada uno de sus familiares. Un hondo penar nos devolvió la conciencia en la insoportable levedad del rezo y la memoria, homenaje sosegadamente íntimo de una España perpleja ante la ausencia del presidente Sánchez y el vicepresidente Iglesias, entregados al roadshow fracasado de la política exterior (calviñismo) y la expansión de la cloaca contra la libertad de prensa en un sacrilegio democrático sólo a la altura de la soberbia pandémica. Bajo el enorme eco de los silencios y las ausencias, el cardenal Osoro suplió con mayor rango espiritual y moral la ya famosa homilía de Sánchez, entregada a implantar con esmero la nueva normalidad que consiste en rechazar un funeral religioso para fiar todo homenaje de Estado al que este Gobierno se ha autoprogramado para el próximo 16 de julio después de retrasarlo cuanto pudo y de reconocer oficialmente 28.000 muertes, que ya son demasiadas. Y si bien Felipe VI presidirá ese acto oficial, los Reyes asistieron al funeral de La Almudena con la humildad del servidor público que Sánchez e Iglesias negaron a las familias de las víctimas y a los españoles. Mandaron en su lugar a la vicepresidenta Carmen Calvo, encargada de menguar la casilla X de la renta y de hacer la puñeta laica a la asignatura de religión y la enseñanza concertada como castigo divino de la imaginaria república atea de este estado aconfesional.

Si hacemos memoria del confinamiento, la gestión sanitaria y económica de natural propaganda, la ocultación de datos, las mentiras reiteradas, la persecución de la prensa y monitorización de las redes por hacer crítica legítima al Gobierno… el hondo penar del que hablo se incrementa en su dramatización trágica y amarga hasta alcanzar un grado de insuperable indecencia política que el márketing de la pandemia expande como cloaca de serie. Da la impresión de que para este Gobierno no ha pasado nada, o al menos que ha sido inevitable, o incluso que tenemos suerte gracias a su majestuosa gestión porque podía haber sido mucho peor, del orden de 450.000 muertos que ningún informe sanitario avala. Sin duda, alcanzar tanta perfección de tapado y humo requiere mucho esmero y mucha miseria intelectual solamente al alcance de la política sin escrúpulos y de políticos con demasiado apego al poder, pero poca humanidad. Eso incluye la amenaza constante a la Corona en aras del objetivo republicano. "Inquietante y pertubador" es que un presidente del Gobierno plantee la inviolabilidad de Felipe VI y Podemos, su abdicación, sin respetar la presunción de inocencia de Don Juan Carlos, cuyos problemas judiciales y corinnos parten de Villarejo como los de Dina e Iglesias.

El hondo penar que aflige a España se extiende como virus de realismo cuando desde Moncloa se propicia y receta en pleno postcovid una nueva modalidad de escrache contra la prensa, ahora en forma de jarabe antidemocrático. Como matón okupa de la gobernabilidad coyuntural, todo un vicepresidente del Gobierno de España ejerció el acoso nominal y genérico a la libertad de prensa con el engañoso e hipócrita razonamiento indignado de "naturalizar el insulto", germen del odio y el pensamiento ultra. Sin duda un tic autoritario que supera la categoría de chavismo bolivariano para convertirse en amenaza de persecución totalitaria propia de dictaduras comunistas. Lo que Pablo Iglesias hizo en la rueda de prensa del Consejo de Ministros, oficializando el mobbing del insulto a la prensa con el consentimiento del presidente Sánchez y el silencio cómplice de tres ministros y dirigentes socialistas allí presentes, traspasa la raya roja del estado de alarma de la democracia española, al parecer secuestrada por políticas radicales de ultraizquierda. Y por mucho ventilador de encendido argumentario y alcance a la "extrema derecha" que se ponga a funcionar, el fondo de la cuestión sigue siendo el caso Dina que acorrala a Iglesias y Podemos, lo que provoca que se revuelva contra la prensa y contra el adversario político con esa natural ferocidad agresiva que lo convierte potencialmente en peligrosa bestia herida capaz de arrastrar al cementerio de sus cloacas a la propia coalición de Gobierno y en consecuencia a España y los españoles.

En términos de verdadero escudo social, España debe contemplar la posibilidad de unas elecciones generales en 2021. Y si Sánchez sigue por el tortuoso camino del insomnio tras la patada a Calviño de la UE será la crisis económica la que dicte sentencia para que las urnas solventen tentaciones antidemocráticas. La prensa y la sociedad son las encargadas de formar opinión pública en uso de la libertad. Pero lo que sugiere este tipo de comportamientos bananeros que derivan en escrache contra los medios y la mitad social que no comparte su ideología, es que España está siendo víctima de un claro e inadmisible abuso de poder que el coronavirus ha puesto al descubierto. Un hondo penar que este país no merece.

Naturalizar la verdad 

Iglesias ha culminado su arrinconamiento al acuñar en sede presidencial la naturalización del insulto a la prensa. Con esta defensa en forma de ataque a periodistas, el vice social trata de desplegar una cortina de humo sobre el caso Dina, en plena investigación judicial, tras serle retirada la condición de víctima. Pero en realidad, lo prioritario debe ser naturalizar la verdad judicial, política y periodística. Por eso Iglesias corre el riesgo de ser imputado. Porque se dedica a distraer la atención y promover el ataque a la libertad de prensa en vez de contestar con la verdad a preguntas sencillas: ¿Por qué obra con machismo al retener la tarjeta del móvil de su asesora para protegerla por su edad? ¿Por qué retuvo casi un año la tarjeta de Dina Bousselham y la entregó dañada? ¿Por qué mintió al juez presentándose como perjudicado? ¿Por qué sustentó su campaña electoral sobre la invención de la cloaca? ¿Por qué culpa a los rivales políticos de una campaña para impedir que entrara en el Gobierno cuando está dentro de él? ¿Por qué recibió ayuda de la Fiscalía? Y sobre todo: ¿Qué hay en la tarjeta? ¿Solo fotos íntimas? ¿Hay pruebas sobre las conexiones de Podemos?

Normalidad democrática

Jornada electoral en Galicia y Euskadi de normalidad democrática, que es la vieja normalidad de la Transición que nos trajo la monarquía parlamentaria que PSOE y Podemos colocan en el centro del debate. Sánchez reconoció también en la prensa italiana que nunca ha pensado en una gran coalición con el PP. Y dice que "el PP sólo habla de gran coalición cuando la primera fuerza es el PSOE", lo cual es mentira porque Rajoy la ofreció siendo el más votado y Sánchez la rechazó con su "no es no". Memoria. También argumenta que el PSOK griego y el SPD alemán casi han desaparecido por formar una gran coalición con la derecha, lo que inevitablemente refleja con nitidez que lo que más le importa en su supremacía política y no el interés general. Los alemanes han tenido el mayor periodo de prosperidad e influencia en Europa con la gran coalición. Sánchez lo mide todo en términos de poder: considera que a él las urnas lo han situado en el Ejecutivo y al PP en la oposición, pero calla que en la coalición de Gobierno está Podemos, cuarta fuerza política española. Siendo el PP la segunda fuerza cabría deducir que los españoles han puesto a Casado más cerca de Moncloa que a Iglesias.

Un hondo penar