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Roma, ciudad en obras

LLEGAR A Roma desde el aeropuerto de Fuimicino es como entrar en Madrid, Lugo o Pontevedra desde la normalidad periférica a un centro correoso en permanente obra. Pero las obras que se ven, salvo el metro nuevo del Coliseo, son obras de Historia, un constante descenso al tiempo romano. Piedra a piedra, por eso será eterna, Roma es una ciudad de dos niveles: la ciudad actual, que parece un plató del Imperio Romano olvidado por el Hollywood esplendoroso de Cecil B. De Mille; y la ciudad del subsótano, desenterrada de entre los muertos por el cine de ciencia ficción en el que por cada rincón se asoman Julio Cesar, Marco Aurelio o Adriano como emperadores emergentes.

Que los romanos fueron un pueblo adelantado a su tiempo no solo se ve en Roma o en la muralla de Lugo. Se adivina en el asentamiento político, en su distribución del poder tan actual y que tanto se parece, por ejemplo, a lo de hoy en España. No sé si lo que la política española tiene en el presente se parece más a Trajano, Augusto, Cómodo, Nerón o Calígula, pero es evidente que si lo comparamos a la antigua Roma, tanto Pedro Sanchez como Pablo Casado o Albert Rivera tienen un aire patricio mucho más pretencioso que la imagen plebeya de Pablo Iglesias pese a su chalet en la sierra y su conversión repentina en casta. Parece claro que Iglesias quiere ser patricio, como los demás, que de eso trata la política con mayúsculas que se hace en España igual que en Italia y el resto del mundo.

Desde Roma suena lejano el CIS de Tezanos, muy adecuado para cerrar una temporada de asentamiento romano en Moncloa de Pedro Sánchez. El presidente compareció en emperador legitimado para hacer balance, pero aún pesa en el foro romano la falta de elecciones y la moción de las malas compañías con la que el PSOE accedió el BOE, el CNI, el CIS, etc...Las urnas son el condimento democrático necesario y obligado para, además de ser patricio,...parecerlo. Pablo Casado y Albert Rivera buscan su corona triunfal o láurea para entrar en la Roma actual victoriosos, no cautivos y únicamente armados de los principios y valores del centro derecha sin complejos ni hipotecas del pasado. Iglesias, con su coleta, ya viene laureado de las asambleas de facultad al hemiciclo de San Jerónimo para hacer la revolución que antes que en Rusia ya se hizo en la Roma hegemónica y conquistadora.

Roma es, en efecto, una ciudad en obras en constante reflejo del pasado. Se mira permanentemente al espejo del esplendor pretérito, pero de los recuerdos victoriosos no se vive en la política de hoy como bien saben Sánchez y Casado. Los dos tendrán que ganarse su Roma actual y conquistar a la plebe, al pueblo, con sus recursos naturales más sinceros. Y en caso de que necesiten expiar los pecados, siempre tienen de la Roma en obras la Ciudad del Vaticano y un Papa que habla castellano. Para llegar a la Capilla Sixtina hay que dominar los secretos divinos y humanos, y hay que renunciar a las tentaciones de los tesoros vaticanos.

Roma, ciudad en obras
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