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La revolución de los frugales

Sánchez se atribuye el mérito de un acuerdo que le vino dado. De la UE al spot de los aplausos
Pedro Sánchez. RODRIGO JIMÉNEZ (Efe)
Pedro Sánchez. RODRIGO JIMÉNEZ (Efe)

UNAS pocas horas le bastaron a la factoría de Moncloa para convertir el acuerdo de la UE impulsado por Alemania, Francia y los frugales del norte en un triunfo personal de Sánchez y su Gobierno socialcomunista del sur. Producciones Redondo ideó otra puesta en escena propagandística que consistió en que todo el Gobierno y sus bancadas en pleno aplaudieran delante de las cámaras al líder supremo a su llegada al Consejo de Ministros y al Congreso, como si fuera el guerrero victorioso que acaba de derrotar al dragón Covid engendrado en las entrañas de las tinieblas frugales.

Fue una imagen, una foto, un posado preparado nada espontáneo de autosatisfacción caudillista entre el bochorno del no tengo abuela, la bombona de oxígeno de un Ejecutivo que vive del efectismo y la autocomplacencia inédita de la coalición que aún no ha reconocido los 45.000 muertos reales por Covid y cuya gestión ubica el observatorio internacional en el club de las peores posibles. Nunca en la vida de la UE se había visto nada igual: que un jefe del Gobierno español tuviera los bemoles de convertir en triunfalismo visual de diseño publicitario y narcisista lo que a todas luces han sido lentejas de consumo colectivo, un plato único sobre el que no era posible ninguna variante de menú pedropablista. La Unión Europea se ha concedido a sí misma la esperanza deudora de un acuerdo económico de futuro para remontar los estragos del coronavirus, que en España se han agravado por la adopción tardía de medidas supeditadas a la celebración ideológica del 8-M.

Conviene poner en valor que si el acuerdo es bueno para Europa y para España ha sido posible tras la revolución de los frugales, que no es precisamente una revolución de rosas ni claveles, porque su rebelión es austera y realista, sin aplausos como el de Mon- La revolución de los frugales cloa ni florituras paternalistas de masas. Lo frugal es sencillo y nada abundante, alejado de la retórica electoralista del mínimo vital y de la derogación de una reforma laboral que ha evitado con los Ertes la sangría de cientos de miles de parados. La revolución de los frugales no es una revolución del pueblo para el pueblo, de eso que Pedro y Pablo llaman escudo social a costa de subir los impuestos y hostigar a los empresarios, autónomos y las clases medias a cambio del clientelismo estatal de lo público y lo privado. La revolución de los frugales es de arriba abajo, de norte a sur, de los poderosos como Alemania y Francia sobre los más perjudicados por el coronavirus como España e Italia. La frugalidad se define en sí misma como una cualidad, pues para defectos ya están el derroche del gasto excesivo y el abuso extravagante del Falcon. Y sobre todo, la revolución de los frugales cuenta a su favor con la optimización del tiempo y del dinero a cambio de intereses, reformas y recortes.

Las transferencias son en realidad un subsidio que tiene una segunda lectura como aquella que llevó al inestimable Zapatero a congelar las pensiones, rebajar el sueldo de los funcionarios, multiplicar las cifras del paro y matar moscas a cañonazos con el dispendio del Plan E. Aquello si fue un tijeretazo social, como el que nos espera ahora, cuando Sánchez despierte del sueño del aplauso para darse de narices con la cruel realidad de una crisis sin precedentes que no sale gratis. Sánchez tiene el descaro que le proporciona la falta de conciencia política al ponerse una medalla que le corresponde a Merkel y la mayoría del PP europeo, artífices verdaderos junto a los frugales de distinto signo (también socialistas) del acuerdo histórico de recuperación. No olvidemos que la mitad de los 140.000 millones, hay que ver si se confirma esa cantidad, son a crédito que pagaremos los españoles. Y la otra mitad también la pagaremos los ciudadanos a costa de subida de impuestos y reformas que Moncloa S.A. camufla bajo la nueva normalidad.

Seguramente el spot de los aplausos obedece a que el Gobierno apaña la legislatura acariciando un proyecto de presupuestos que en realidad serán las cuentas de Bruselas y no las cuentas de la vieja de SanchIglesias. Asistimos a un rescate encubierto de España e Italia que el guerrero Sánchez llama transferencias a fondo perdido y Plan Marshall, pero que en realidad es dinero frugal que no llueve del cielo como maná del milagro sanchista sino como castigo a una gestión de la pandemia precaria y partidista. Por mucho que este Gobierno se aplauda a si mismo todo el mundo sabe que sobre su responsabilidad de mando único recae la verdad incuestionable de 45.000 muertes y una actuación ineficaz que ha multiplicado los efectos de la crisis de la que ahora nos salva Bruselas.

A este Gobierno imprevisible de coalición e incertidumbre, secuestrado por la aritmética y entregado a las amistades peligrosas del republicanismo rupturista antimonárquico, hay que hacerle urgentemente una PCR por el bien general de España. En su ADN sobran anticuerpos desestabilizadores que requieren tratamiento de choque electoral. Este país no puede fiar su estabilidad, bienestar y salud democrática a la seroprevalencia impositiva de un cambio de régimen.

La cara B de Iglesias

AL VICEPRESIDENTE social de la coleta si se le complica su permanencia en la selecta casta. Pablo Iglesias también tiene una cara B, que en tiempos de indignación podemita se llamaba caja B. Un juez investiga donaciones de dineros por presunta malversación de caudales públicos. Iglesias y todo su tinglado plurinacional republicano se tambalea bajo fundadas sospechas de financiación supuestamente irregular. A la procedencia bolivariana se suma ahora la inyección millonaria de Irán a la productora de Iglesias cuando ejercía de predicador televisivo. Más de nueve millones de euros en tres años para pontificar desde La Tuerka y Fort Apache las excelencias de regímenes totalitarios. Y a todo eso hay que añadir el mal llamado caso Dina Bousselham de la tarjeta SIM del móvil de su asesora que ya es el caso Iglesias. Tras el castigo de las urnas en Galicia y Euskadi, Podemos se aferra a su presencia en el Gobierno para sostener toda su radicalidad de extrema izquierda bajo disfraz de cordero. Todo con el blindaje policial del marquesado de Galapagar y su casoplón a prueba de jarabe democrático.

Ola de rebrotes

MIENTRAS Pedro Sánchez se auto-aplaude en la usurpación del éxito personal por el acuerdo de la UE y Pablo Iglesias se aplica en la república plurinacional ignorando sus problemas judiciales y la constitucionalidad de la monarquía, España bate récord de rebrotes. Ese es el nuevo logro del Gobierno de coalición en espera de concretar las reformas que darán acceso al millonario rescate comunitario anticovid. Inasequible a la realidad y el desaliento, Sánchez sigue con su agenda 2030 de ensoñación virtual, como si la beneficencia comunitaria le exculpara de su criticada gestión del coronavirus tras la muerte real de 45.000 personas. Sánchez e Iglesias viven en un ecosistema de poder que les protege de 'los bulos de la oposición', en una permanente ofensiva política de marketing con la que culpar de lo negativo a sus rivales y apropiarse de los logros. La derivada separatista pone una vela a Dios y otra al Diablo en espera de concretar fecha electoral, culminar excarcelaciones con el Supremo en contra y nuevo referéndum. Todo para escenificar la mayoría presupuestaria de la moción mientras una nueva oleada de abre paso antes de sentarse a la mesa de diálogo con los golpistas.

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