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El populismo hace la pascua

De la Pascua Militar al fondo de la cuestión. Corona y Ejército por encima del peligro populista

La Pascua Militar de 2021 tampoco ha sido fácil para Felipe VI, sabedor de que en altas instancias se viene mostrando la mala intención de hostigar y perjudicar a la Corona. Sobre nuestra Pascua Militar sobrevolaba la sospecha de que algunos le están haciendo deliberadamente la pascua al monarca y a todo lo que representan su figura y la institución que preside. Y eso se palpa desde que Sánchez eligió al populismo podemita, independentista y proetarra como soporte a toda costa de su permanencia en Moncloa. Siendo ello parlamentariamente legítimo, resulta poco leal con la palabra electoral dada, con la Jefatura del Estado y con los principios democráticos consagrados en la Constitución vigente de 1978.

Hacer la pascua a la Monarquía es lo contrario a la ejemplar Pascua Militar con la que se rinden honores a nuestras Fuerzas Armadas, sobre todo en tiempos de pandemia. Y de nuevo el Rey volvió a exhibir altura ética y moral al ensalzar el trabajo de nuestros militares identificándolos plenamente con los valores constitucionales de la democracia española. La defensa de las libertades como soporte de la convivencia es una tarea prioritaria de la institución militar, adaptada fielmente a la modernidad del siglo XXI por mucho que algunos se empeñen en agitar asonadas y ruidos de sables dando altavoz a polémicas artificiales como la de los militares retirados, que por no tener pase democrático alguno resultan imposibles en la España de hoy. A veces son más peligrosos los populismos extremos que varios jubilados trasnochados distanciados de la realidad española. En la Pascua Militar del presente cobra más sentido, si cabe, el discurso de Felipe VI del 3 de octubre de 2017 en defensa del orden constitucional que a menudo se ve amenazado por la palabrería falsaria y destructiva puesta en marcha contra el sistema desde el propio núcleo del Estado. Tanto la Monarquía como el Ejército son símbolos de unidad de la nación que sufren el acoso permanente del nepotismo bolivariano consentido por un sanchismo podemizado alejado de la ortodoxia socialista. La cruzada populista en España, tanto de patriotismo y bandera como de republicanismo rupturista, delata más a los socios de Sánchez por estar dentro del Gobierno pues su objetivo político prioritario es modificar el modelo de Estado para convertir en república nuestra monarquía parlamentaria. Ese populismo se parece demasiado, por desgracia, al mal ejemplo de Trump en EE.UU., por mucho que los resortes bolivarianos quieran tapar semejanzas con el populismo yanqui adscrito a la ideología contraria en un intento de hacer únicamente responsable a Vox. El populismo que desborda las rayas rojas de la democracia no deja de ser fascismo disfrazado de salvapatrias.

Además de la valoración positiva de la Corona, también el Ejército cuenta con el respaldo mayoritario de la sociedad española. Esa realidad que ni el CIS de Tezanos puede cocinar a su antojo avala la continuidad monárquica y constitucional en la España del nuevo milenio. De eso no hay duda a pesar de las zancadillas a la Corona por razones de fanatismo ideológico más próximo a la tentación totalitaria que a la libertad de pensamiento. Todo eso se apuntala con el uso partidista de los errores del Rey emérito, que Hacienda y la Fiscalía ya investigan, para atacar a la Corona con la finalidad de instalar en la opinión pública un sentimiento desfavorable hacia la Monarquía con la que justificar un referéndum de clara intención republicana. Las ligerezas con las que se lanzan maniobras de propaganda tales como la Ley de la Corona, averiada nada más comenzar en la cadena de montaje de Moncloa, ha topado con la necesidad de una reforma constitucional que el PP no está dispuesto a secundar por innecesaria. Y no lo hace porque la Carta Magna, el Estado de Derecho y las medidas de transparencia de Zarzuela ya son lo suficientemente garantistas sin que tenga que venir ahora el populismo socialcomunista a regular lo que ya está regulado. Todo bajo la sospecha fundada de que la pretensión verdadera es debilitar la Corona para primar ese prefabricado gerracivilismo antimonárquico que no respalda la mayoría de los españoles. El acto castrense de la Pascua Militar en plena pandemia apuntala la vocación de servicio público de los militares españoles, cuyo comportamiento solidario en la lucha contra el coronavirus está en el guion disciplinar del Ejército español. Así lo hizo valer Felipe VI, que cuenta con el debido apoyo del Ministerio de Defensa mientras otros sectores del Gobierno se dedican al acoso y derribo hasta despreciar de entrada la participación militar en la vacunación anticovid. La Pascua Militar no ha logrado hacer la pascua ni al Rey ni al Ejército español porque en la conciencia social prevalece la decencia de nuestras instituciones sobre la ejecutoria traicionera y populista de los socios de la coalición gubernamental. Pero atención: el populismo siempre tiene por objeto hacer la pascua a la democracia.

Parecidos populistas 

El asalto al Capitolio de EE.UU. por parte de los partidarios de Trump tras la arenga de su líder pone de relieve que ni la democracia más vanagloriada del mundo está a salvo de los peligros del populismo extremista. La izquierda podemita y separatista enseguida trató de capitalizar la mala praxis democrática de Donald Trump, olvidando su reciente pasado y equiparándolo a un intento de golpe de Estado de la extrema derecha (Echenique). Olvida la izquierda extrema española que fueron sus ideólogos republicanos quienes apoyaron el Rodea al Congreso y al Parlamento andaluz tras victorias de las derechas y asaltaron el Parlament y otros organismos oficiales como ocurrió en Washington, aunque en Barcelona afortunadamente no hubo muertos. Recordemos que Pablo Iglesias apoyó el Rodea el Congreso contra la investidura de Rajoy y Susana Díaz fletó autobuses para rodear el parlamento andaluz en la investidura de Moreno. En Cataluña fueron los CDR vinculados al republicanismo secesionista condenado por sedición los que violentaron calles e instituciones. Menos mal que la democracia y el Estado de Derecho siempre triunfan porque no estamos hablando de simples escraches inocentes.

Y en esto llegó Filomena 

Mientras España se debatía entre el final de la Navidad, la lentitud de la vacunación contra el coronavirus y el asalto trumpista al Capitolio, llegó la borrasca Filomena para poner orden en el desorden patrio. Esta vez los múltiples avisos actuaron de natural prevención, y no como con la pandemia covid, donde se ignoraron todas las señales hasta el despropósito del caos en la gestión. Sucede cuando hay grandes tormentas de agua o nieve que el colapso es inevitable, sobre todo en las grandes ciudades. Pero esta vez la previsión meteorológica alertó debidamente, aunque muchos piensen que en ocasiones no acierte, como las encuestas. Así que Filomena se hizo fuerte de forma presencial, dejando a un lado el teletrabajo borrascoso, y España se refugió política e informativamente en la tormentosa nevada general. Filomena nos devolvió a las añoradas nevadas de antaño, cuando el cambio climático no estaba politizado, y las Navidades eran de pureza blanca y aislamiento forzoso. Esta vez la tormenta no ha sido del desierto para pillarnos mentalizados en el confinamiento preventivo, lo que no ha pasado ni con la pandemia ni los populismos.

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