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La política de la alpargata

Calzado para una España veraniega que ya no hace camino al andar. Un presidente nunca está de vacaciones. O sí
Pedro Sánchez en alpargatas. EP
Pedro Sánchez en alpargatas. EP

EL MUNDO occidental se preguntaba qué política verdadera practica Sánchez, cuál es el secreto de su filosofía y cuáles son sus auténticos señas de identidad, valores y convicciones. Desde el momento moción y el incumplimiento sistemático de la palabra dada, el presidente de todos los españoles se ha ido deslizando por la pendiente peligrosa de la mentira y la incoherencia hasta rematar su ascenso a los altares de Moncloa con pactos desleales y una gestión errática repleta de propaganda y presidencialismo personalista. Sánchez ha mentido de todos los colores y formas posibles, nos ha seducido e inoculado sus ‘Aló, Presidente’ indefensos como estábamos en el encierro obligado de la pandemia y ha intentado desde el gobierno bonito un Estado mediático servil, subvencionado y clientelar hecho de retórica y socios poco aconsejables para forjar el destino hacia la lejana agenda 2050 de una España democrática sin concordia y con dificultades para la convivencia.

Pero con todo el muestrario de penalidades sociales, sanitarias y económicas que estamos padeciendo hoy, ha tenido que ser la crisis de Afganistán la que ha mostrado la verdadera naturaleza del sanchismo podemita. La gran clave de la era Sánchez es la alpargata, un calzado de andarse por las ramas que engaña mucho, informal y de apariencia modesta y sencilla, limitado en sus pretensiones a la par que ajustado a las necesidades de tus pies, hecho de esparto, lona y comodidad egoísta personal. La política de la alpargata se ajusta a Sánchez como un guante, porque demuestra en su posado de La Mareta el postureo en el que ha convertido su presidencia de impostura.

Sánchez estuvo desaparecido en agosto durante el tobogán de la quinta ola covid, los incendios y el récord histórico diario del precio de la luz porque no basta un tuit. Incumplió una vez más sus promesas al no alcanzar el pasado día 18 el 70 por ciento de la población española inmunizada. Desde su recepción real en Mallorca, donde anunció 3,4 millones de vacunas, Sánchez enmudeció en Lanzarote incluso con el regreso de los talibanes radicales fundamentalistas a Kabul. Y estuvo tres días out mientras Francia, Alemania o Italia repatriaban a sus nacionales y colaboradores afganos y sus líderes comparecían públicamente. El estadista Sánchez reapareció el miércoles pasado justo cuando el primer avión con españoles procedentes de Afganistán llegó a Dubai. Para esa simulación improvisada de vacaciones, su equipo de producción se inventó una videoconferencia de plasma con los ministros de Defensa y Exteriores y le puso una chaqueta sport sin corbata haciendo pose de trabajo en el palacio de La Mareta.

Todo bien, es decir, propaganda según lo previsto, hasta que el Twitter del presidente le mostró al mundo en trance tan trascendente con la foto de las alpargatas. Una fotografía que Moncloa censuró debidamente al colgarla después en la web oficial sacando de plano el calzado presidencial utilizado para el momento solemne de la repatriación española. Antológico meme gubernamental que introduce en los manuales de las ciencias políticas la táctica de la alparagata, esto es, darle grandeza estadista a la tarea presidencial cuando en realidad no es lo que parece. Es decir, ladrillo visto por arriba sobre pilares alpargateros, dicho con todo el respeto para los fabricantes y usuarios de este calzado que, no se engañen, puede ser de los chinos o de Gucci, según lo calcen los humildes ciudadanos o Pedro Sánchez y sus socios preferentes.

La política de la alpargata es a la verdad lo mismo que la pose de la coleta, una simulación estética sobre la que cimentar el régimen de la nueva normalidad emergente donde todos seremos subsidiarios ideológicos del pensamiento único. A no ser que en la mente complejamente simplista de Sánchez y de su batallón interminable de asesores haya imperado la procedencia árabe de la alpargata con la que hacer un guiño al mundo mundial dada la peculiar política exterior de billares de barrio que ha venido practicando Moncloa con Estados Unidos, Marruecos, Venezuela, Cuba o la propia Unión Europea.

Y ante el escándalo del Sánchez desaparecido en vacaciones, el gran líder volvió a su Moncloa del alma y a su retórica habitual nacida para la televisión. España ha respirado tranquila al saber que su presidente se ha puesto de nuevo al timón para polarizar a una sociedad confundida por 17 gestiones covid distintas, un recibo de la luz a punto de hacer saltar el contador y una subida de impuestos inminente con la que convencer a Bruselas de que somos merecedores de los fondos europeos.

O sea, pura política de la alpargata, guapa por fuera pero espuria por dentro, que ignora la tendencia de castigo de los sondeos en espera del milagro de la recuperación y la inmunidad de rebaño. Algo que esta vez, me refiero al rebaño, no va a salir como quisiera el CIS, salvo que Tezanos pregunte a los españoles por la alpargata.

En ese caso, la demoscopia cocinada torticera dirá que ese es el camino más firme y seguro por el que transitar hacia unas elecciones que ya están tardando tras el espectáculo de los indultos.

La insolidaridad con Madrid

QUE EN LA MONCLOA comenzó el declive con el ascenso de Ayuso en Madrid tras la pifia de Sánchez y Arrimadas en Murcia es una evidencia que recogen las encuestas. Que la comunidad madrileña ha sabido capitalizar la huida de empresas de Cataluña ante la inseguridad jurídica provocada por el golpe separatista ilegal hasta lograr ser la primera economía de España es una certeza. Que Cataluña recibirá 707 millones en inversiones ferroviarias frente a los 96 de Madrid es un dato objetivo, y un agravio burdo. Y que una parte del Gobierno se escandalizó como la oposición ante la ocurrencia de Ximo Puig al plantear un impuesto específico en Madrid a las rentas altas es tan cierto como que el presidente valenciano dijo después que ni hablar del peluquín. La insolidaridad del Gobierno y sus socios con Madrid es directamente proporcional a la solidaridad de Madrid con el resto de autonomías, incluida Cataluña. Lo cual es para avergonzar a muchos.

La Moncloa cerró por vacaciones

LA PRESIÓN DE la oposición en la crisis de Afganistán con el hastag #DóndeEstáSánchez tras la dejación hecha con el récord del precio en el recibo de luz precipitó el regreso de Sánchez a La Moncloa, «como estaba previsto». Después del patinazo de las alpargatas, Sánchez volvió a improvisar un gabinete de crisis on line con el que frenar la crítica por su tardía reacción al regreso talibán islamista. Pero, ¿cómo se gestó y precipitó el fin de las vacaciones de Sánchez ante el cierre de La Moncloa por vacaciones? Su jefe de gabinete, Oscar López, y su flamante nuevo ministro de Presidencia, Félix Bolaños, le aconsejaron una respuesta mediática rápida con el que hacer olvidar su silencio e inacción. La decisión se tomó a la vez que se ideó la foto de las alpargatas, calzado que estropeó la primera intentona de recuperar la iniciativa ante la opinión pública. También a Rajoy le complicaban sus caminatas las vacaciones, pero esta vez Sánchez ha disparado todas las alarmas de dejación de funciones como en la pandemia.

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