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El pobrecito hablador

Hay dos personajes que manchan con empeño el noble apellido de ‘Garzón’. Uno es el exjuez prevaricador Baltasar, condenado por el peor delito al que puede enfrentarse un magistrado: dictar una sentencia a sabiendas de que es injusta y contraria a la Ley. Y el otro es el supuesto ministro de consumo, Alberto Garzón, capaz de criminalizar sectores como el cárnico desde esa profunda ignorancia inspirada en los prejuicios ideológicos de la militancia sectaria. Los tribunales ya arrojaron la ética amoral del exjuez al pozo de la deshonra. Del garçon carnívoro ya se encarga él mismo de desprestigiar su condición de ministro del reino republicano de España.  

El pobre Garzón se ha convertido en un boicoteador de su propio ministerio, elevado a la categoría de consumo por razones de conveniencia política con la que sostener a Sánchez en la Moncloa. Como todos los ministros de Podemos desprovistos de competencia y contenido, con la salvedad de Yolanda Díaz que logra la tasa de paro más alta de la UE, Garzón se dedica a llenar de polémicas el vacío del ministerio que le ha tocado en la tómbola de la fiesta del PCE.

Ya sabíamos que el líder comunista llevó IU a la insignificancia electoral y a la sumisión ante la coleta podemita. Pero lo que viene haciendo desde que el azar de la carambola política le convirtió en presunto ministro es una sucesión de despropósitos y enredos sólo al alcance del ocioso e indocumentado incompetente que está demostrando ser. Su falta de preparación y méritos se suple con declaraciones engañosas como esa que pone en duda la calidad de la carne española levantando en pie de guerra al sector cárnico dependiente de la ganadería y la agricultura. Primero arroja la piedra y después su coro mediático y político dice que es un bulo de la derecha. Extrema, por supuesto. 

El ministro que sirvió solomillo en su boda nos dijo un día que debemos comer menos carne por razones de ecologismo barato en plan niña repelente Greta Thunberg, porque con algo hay que justificar el sueldo. Antes de meter mano como elefante en cacharrería a las apuestas, la publicidad y las bebidas azucaradas, se marcó como objetivo universal la prohibición de la prostitución, porque esta coalición de lampiños imberbes cree que la justicia social, la democracia y la vida después de Cristo comienzan con ellos. El adoctrinamiento bolivariano prosiguió diciéndoles a los padres españoles qué juguetes tienen que comprar a sus hijos, al llevar la ideología de género feminista al terreno de la inocente explotación infantil y la dictadura para adultos. Hasta propuso una huelga de juguetes contra el sexismo en singular pirueta de frivolidad que motivó la sorna social junto a la indignación de la industria juguetera española.

Y ahora nos viene con la calidad de la carne, que hace las delicias de los competidores de España en el sector además de hacerle la campaña a PP, VOX y Ciudadanos en Castilla y León para cabreo de Sánchez, que no se atreve a cesarle porque peligran sus viajes en Falcon y su siesta en el colchón de la mentira. El pobrecito hablador Garzón hará olvidar a Larra porque sitúa al Gobierno en la sátira costumbrista de sí mismo.  

El pobrecito hablador
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