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Nadal, el tercer rey de España

ME PREGUNTO si en el panorama político actual hay algún líder que se parezca a Rafa Nadal. Y sin duda, la respuesta es no. Porque no hay un político español que encarne con tanta fiabilidad y lealtad los valores de la honestidad, la humildad, el trabajo, el esfuerzo, el talento, la deportividad, la tolerancia y la verdad. Quizás los dos reyes, salvando las distancias por su papel de neutralidad institucional, son los dos personajes de la España presente que se identifican más con Rafa Nadal. Al igual que el tenista mallorquín, Felipe VI y Juan Carlos I son los verdaderos embajadores de España en el extranjero y los garantes del sentimiento patriótico de la unidad territorial en cumplimiento de la Constitución. Y de eso, en política, encontramos escasez, puesto que bajo la bandera española hay pocos líderes y partidos políticos que se sientan cómodos con verdadera sinceridad y convicción.

Ver a Rafa Nadal en París encadenar su mirada y su rostro bajo los planos televisados globalmente de la bandera española hace sentirse orgulloso a un todo un país como España. Pero al mismo tiempo empuja a sentirnos avergonzados por el espectáculo lamentable de la desunión, el rupturismo y el incumplimiento de la legalidad en el que incurre una parte de los representantes de la sociedad. En todo el mundo, el himno es entonado con respeto en cada acontecimiento deportivo. Solo en España somos capaces de silbar ante los acordes y los colores de nuestra bandera con esa descarada ofensa al resto de la nación por parte de la avanzadilla republicana y separatista del Estado autonómico. Personajes irrepetibles como Nadal, también los monarcas, nos dan más motivos para sentirnos orgullosos de España que todos esos que tratan de reventar el sistema y torpedear la democracia española configurada en torno al mal llamado régimen del 78 y a la Carta Magna. Nadal representa el auténtico sentimiento español, la razón de existir de una nación que sueña con ser grande y libre. Nadal es el hilo conductor que demuestra la fe en las virtudes de un país y en sus gentes, la demostración de que disfrutamos de una nación envidiada en el exterior, con un grado de bienestar y libertades que únicamente unos pocos se empeñan en cuestionar.

Con su duodécimo Roland Garros, Rafa Nadal ha demostrado que simboliza a la perfección los principios de un ser universal que trasciende la propia nacionalidad española. Viéndole disputar cada bola con esa fe en sí mismo y con ese sacrificio nos hace a los españoles un poco mejores. Por eso a Nadal debemos rendirle el tributo que se merece, porque ese es el respeto que merece España pese a las zancadillas desestabilizadoras de la política representativa mal interpretada y utilizada. A Nadal le debemos la épica española, esa furia que representan otros muchos deportistas, incluida la selección española de fútbol. Pero es que Rafa ha ejercido esa heroica española durante 15 años de forma continuada, sobreponiéndose a las frustraciones físicas y anímicas. Ahí reside la grandeza del ser humano y del país que representa. Sobre tierra batida y sobre el mundo que vivimos peligrosamente, Rafa Nadal es el tercer rey de España.

Nadal, el tercer rey de España
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