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Me cago en tal

La comedia resurge como género político en el club de la era fake con el activista Willy Toledo, que derivó en bufón útil
Willy Toledo. ARCHIVO
Willy Toledo. ARCHIVO

WILLY TOLEDO es un cómico en el buen, mejor y más amplio sentido de la palabra. Ser cómico tiene su dificultad en la era fake de la política, porque hay mucha competencia. Luego debemos reconocerle gran vis cómica a Guillermo Toledo, de nombre artístico Willy, quien en su biografía oficial suma a la profesión de actor la condición de activista político. De haber nacido en EE.UU., Willy Toledo podría haber sido un comediante de éxito en el Saturday Night Live, pero jamás hubiera gozado de la paciencia permisiva de amparo que le ha proporcionado España, pues sus habituales excesos de verborrea irreverente le habrían pasado factura ante la sociedad, los medios y la Ley USA.

A Willy Toledo le va bien ofender a los que piensan distinto, porque hay una parte de la sociedad española que le compra su discurso al ser público del mismo espectro ideológico que ansía el pensamiento único. Eso le mantiene en la cresta notoria de la popularidad, lo que no logra con sus papeles en cine, teatro y televisión. Willy Toledo ha derivado en el bufón útil de este tiempo fake, pues la comicidad en la Corte de la política requiere personajes que alimenten la polémica y distraigan de lo esencial.

Que Willy Toledo blasfeme ante micrófonos y cámaras mientras practica fe de cordero en el banquillo forma parte del atrezzo radical populista, decorado de humo en tanto se monta la mesa de diálogo con quienes han sido condenados por sedición golpista. Que Willy Toledo haga apología de las dictaduras bolivarianas comunistas puede considerarse una visión amplia de la libertad de expresión pero eso da cobertura a los asesinatos y encarcelamientos bolivarianos, vulneración de los derechos humanos por la que la UE sancionó a aerolíneas Delcy. Que Willy Toledo nos divierta con sus chistes de pub de Malasaña logra entretener a los más cafeteros mientras crecen el escándalo y las mentiras del Delcygate con sospechas sobre la descarga de 42 maletas en Barajas, acusaciones de transporte de dinero y oro o la investigación sobre los 35 millones en cuentas suizas del embajador Morodo de Zapatero en Venezuela. Que Willy Toledo ofenda a los católicos con sus "me cago en Dios y en la Virgen" mientras un juez ordena que no se borren las grabaciones de Ábalos con Delcy certifica la ficción de esta España amordazada por el trazo superficial de brocha gorda.

Que venga ahora Willy Toledo a defender que no sea delito enaltecer el franquismo demuestra que la enfermedad de la confrontación ideológica se propaga alarmantemente como el coronavirus. Que Willy Toledo no insulte a Alá hasta parece sensato y respetuoso con la libertad de creencias religiosas si no fuera porque ataca al cristianismo para sentenciar que le "bautizó un cura obrero" en el más puro cachondeo demagógico. Que Willy Toledo se dedique a ensalzar el chavismo dictador en vez de denunciar la prostitución de menores en Baleares que PSOE y Podemos no quieren investigar en comisión parlamentaria prueba que el actor es un activista que borda y roza el cinismo cómico. Que Willy Toledo y su compañía monologuista del club de la comedia, desde el Gran Wyoming a Anabel Alonso, nos diviertan tanto en redes y televisión mientras el paro aumenta, el campo se incendia y los gases del vertedero de Zaldibar llegan a Madrid más suaves que el Prestige mantiene a la opinión pública entretenida y a la opinión publicada a raya. Que Willy Toledo y toda esa casta del populismo activista focalicen la atención mediática da que pensar mientras los fotógrafos se la montan a PP y Cs porque les dieron hechas las fotos de Arrimadas y Casado. Que todo eso sea así y nadie haga un pronunciamiento de cámaras y micrófonos caídos ante el plasma continuo de Sánchez y el acotamiento de preguntas en sus ruedas de prensa resulta tan cómico como Willy Toledo en su papel de bufón de la soflama progresista.

En consecuencia cabe defender que Willy Toledo no sea condenado por ejercer su libertad de expresión cagándose en todo lo alto, pero sí que se persiga a chorizos y mentirosos de toda condición militante, a encarcelados sediciosos reincidentes y colaboradores necesarios de la excarcelación exprés, a desjudicializadores, mediadores y relatores del delito bajo apariencia de diálogo político, a administraciones encubridoras de prostitución de menores tuteladas ya sea en Baleares o en la república independiente de la indecencia, a dictadores comunistas o fascistas del presente y del pasado, y a todos los demagogos del sectarismo y la incoherencia que nos divierten en la comedia política con Willy Toledo como bufón ajusticiado del libre pensamiento único.

La próxima vez que Sánchez llame a Moncloa a Casado se hace necesaria la presencia de Willy Toledo para animar la propaganda monclovita del bloqueo. En vez de sacar un comunicado antes de que comparezca el líder de la oposición, sería más efectivo soltar a Willy como cómico portavoz del fracaso. Con un "me cago en tal" está hecha la campaña que pinta una oposición no dialogante, facha e inmovilista, cuando esa intransigencia se corresponde precisamente con la estrategia "redonda" del pacto de Sánchez con podemitas y separatistas.

En pasillos y corrillos

EL CONGRESO y el Senado vuelven a fluir en esta XIV Legislatura. Darse un paseo por la llamada M-30 parlamentaria da juego. Lo más comentado esta semana fueron el caso Ábalos y la pérdida de papeles del vicepresidente Iglesias. El Delcygate va camino de convertirse en "la fosa común de la mentira", decían políticos no únicamente de la oposición. El entorno de Ábalos —prensa del régimen dixit— se esfuerza por transmitir tranquilidad pero en Moncloa empiezan a ver negro el panorama. Pero la oposición cree que Sánchez no se atreverá a cesarle porque "tiene miedo a que cuente la verdad". Ni lo de sacar fecha para la mesa de negociación con los separatistas consiguió desviar la atención: "El truco Redondo no funcionó esta vez" —prensa conservadora dixit— porque cuando hay indicios de delito la Justicia actúa, como debe ser, en vez de desjudicializar la verdad. Del mismo modo también fueron muy comentados los exabruptos de Iglesias, que con el caso de prostitución de menores tuteladas en Baleares a la que Podemos y PSOE niegan una comisión de investigación, terminó por utilizar palabras inaceptables en sede parlamentaria como "descojonarse" y "fascista".

Agenda social Mariana

SE VENDE BIEN la novela Ellas del eurodiputado popular Esteban González Pons, que se presentó la semana pasada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid con asistencia de la plana mayor del PP (Casado y Rajoy incluidos), de representantes del PSOE (Elena Valenciano, José Blanco) y de Cs (Luis Garicano). Gran gesto de Pons al dedicar la parte final del acto a David Gistau, el columnista de la lucidez desaparecido recientemente. Pons fue presentado por Mayte Pagazaurtundua y Borja Sémper, quienes bromearon con el contenido erótico del libro, que va de amor en las relaciones hombre-mujer. González Pons estuvo especialmente divertido cuando al agradecer la presencia de Rajoy se refirió a él como Mariano, rey del best-seller con Una España mejor. Mariano Rajoy es ahora un hombre razonablemente feliz que disfruta de una agenda social más relajada que como presidente del Gobierno. Siempre que puede acude a citas preferentemente de amistad antes que políticas. Por ejemplo, el almuerzo con sabor a cocido (gallego) que anualmente organiza en la Torre Eurostars de Madrid el presidente de Hotusa, el lucense Amancio López Seijas.

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