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La peluquería

Metáfora de la prórroga del estado de alarma. La peluquería como lugar de encuentro
Una peluquería en Barcelona. EFE
Una peluquería en Barcelona. EFE

MI VECINA GUAPI ha ido a la peluquería, y nos ha contado a toda la vecindad desde el balcón de la pandemia en desescalada que el verdadero estado de alarma es la emergencia capilar nacional. Dice que España es un país desmelenado siempre a la greña, a día de hoy muy de rastas y coleta, que camina en prórroga perpetua hacia el bulo inventado de la nueva normalidad.

No le falta razón a mi vecina divorciada, que ya no aplaude a las ocho, porque a esa hora se ajusta un atuendo deportivo que quita el hipo y el virus para salir en plan decathlon a correr por esas aceras de las libertades que el estado de excepción encubierto nos ha ido acotando cada quincena de mes previo Aló Presidente televisado. Con apuros de Pinocho y Geppeto, Pedro y Pablo han sacado adelante su cuarta prórroga menguante sembrando de demagogia chantajista la necesidad política que acucia al mando único en la búsqueda de la virtud tras su probado desatino improvisado. En la peluquería democrática a la que asiste mi vecina moni mantienen —dice ella— que la permanente de la alarma eterna no se puede sujetar por más tiempo en su sitio ni con la laca de la mentira ni la gomina de la propaganda.

La repeinada coleta del Ché morado quedó más al pairo que al viento mientras su socio insomne de cuidado corte capilar amenazaba con un rapado a Cs. A Inés Arrimadas le ha crecido de repente un moño postizo de lideresa institutriz por su decisión de apoyar la prórroga de la alarma perpetua, que ni la redecilla de la equidistancia política salva de la etiqueta de veleta. También a Casado le blanqueó la barba de la contradicción con su construido discurso del no para terminar votando la abstención.

El no es no que acuñó Castejón hace nada se lo queda Abascal como hecho diferencial de oposición frontal en plena desescalada. Sánchez ya sabe que se le acaba la publicidad engañosa de la La peluquería prolongación política del estado de alarma, pero persiste en perpetuarla. Llámense Plan B, C o D, hay medios legales para garantizar las ayudas y la prevención del rebrote vírico sin mantener al país cautivo y atrapado en las garras de un Estado manejado por prácticas de populismo antisistema siempre en premeditada hoja de ruta intervencionista bajo pretexto sanitario.

La Comisión para la Reconstrucción tras el coronavirus ha quedado constituida de forma partidista. Con vicepresidente del PCE, está presidida por el socialista Patxi López, quien como cabeza del Congreso mostró mayor intransigencia y menor cintura que Ana Pastor, candidata del PP. Con la mayoría de PSOE y Podemos, la Comisión no hará autocrítica ni investigará los clamorosos fallos de gestión y recorte de libertades para centrarse en las medidas económicas con las que paliar el destrozo de la recesión. Será pues una Comisión a expensas de lo que mande Bruselas cuando Sánchez se vea obligado a solicitar el rescate de la UE. Para la concesión será necesario un ajuste de al menos 35.000 millones de euros que forzará la congelación de las pensiones, la rebaja del sueldo de los funcionarios, el aumento de la presión fiscal que siempre termina pagando la clase media y más paro.

Ante la impopularidad de lo que viene, la coalición necesita aguantar cuanto pueda el estado de alarma con el fin de atar desde el mando único medidas sociales (tasa coronavirus para ricos, renta vital que ya existe, etc) con las que contrarrestar el impacto negativo. Eso se llama generar dependencia del Estado para millones de españoles sin que la oposición participe de decisiones clave en la creencia coaligada y equivocada de que ello reportará beneficio electoral futuro a PSOE y Podemos.

Es decir: la oposición que apoye las prórrogas de la alarma, que la coalición se pone la medalla del llamado escudo social. Se trata de un uso partidista del sistema y del interés general, lo que Casado llamó «dictadura constitucional» y la opinión publicada define como totalitarismo de autocracia absolutista socialcomunista. Dicho de otro modo: el estado de alarma da cobertura a Pedro y Pablo para colar en plena pandemia lo de Iglesias y el CNI, cambios en el empadronamiento que se mantendrán para futuras elecciones y otros excesos de falta de transparencia como la limitación de libertades y la accidentada compra de material fake.

España camina, pues, hacia los 27.000 muertos oficiales en plena emergencia nacional. El pobre Simón ha culpado a un gran accidente de tráfico y los infartos de los 5.000 muertos de más que contabiliza el Instituto Carlos III.

A ciertos personajes les gusta andar a la gresca, insisto, sin reparar en que nos condenan al estado excepcional de la alarma perpetua. Le he pedido a mi vecina guapi el teléfono de su peluquería unisex de ellas y ellos. Pero al llamar me han dicho textualmente que hay más lista de espera que en la seguridad social.

Así que como español medio voy reuniendo las condiciones de melena revuelta y mal compuesta para no desentonar en este estado de greña nacional. Espero que un día de estos me den cita con la que aligerar la cabellera. De lo contrario me veo con coleta modelo Galapagar, en estado de alarma perpetua y dependiente del eterno mando único absoluto.

Luto oficial, luto nacional

CUANDO PEDRO Sánchez se ha referido en Moncloa y el Parlamento al luto en memoria de los casi 27.000 fallecidos oficiales por el Covid, ha hablado de luto oficial y no de luto nacional. El luto oficial ya se había decretado en Madrid y Galicia, de modo que cuando lo decreta el Gobierno de España tiene carácter nacional sin que ello pueda ofender ya a los separatistas por su carácter estatal. Sin embargo, lo que ha ofendido a millones de españoles es que el Gobierno haya tardado tanto en anunciarlo humillando a las familias de miles de muertos cuando sí se declaró luto oficial, con todo merecimiento, al día siguiente de la muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba. El luto oficial se fija mediante real decreto que establece la duración del mismo: en el caso de Rubalcaba fueron 28 horas, en el de Galicia el mes de mayo. En pandemia dramática como esta, el criterio seguido ha sido político, pues se ha priorizado lo positivo sin banderas a media asta ni lazos negros que recuerden la tragedia. En lo que a la conciencia de España respecta, el luto oficial y nacional comenzó con el primer muerto y durará hasta el último.

Concepto de bisagra (19)
CUANDO INÉS Arrimadas anunció el apoyo de Cs a la prórroga del estado de alarma, su exdiputado Juan Carlos Girauta comunicó baja en el partido con este tuit: «No trabajamos tanto para construir una bisagra». Girauta fue trending topic en España generando un gran debate sobre el papel de Cs en el mapa político tras su revés electoral, el abandono de Rivera y el nuevo rumbo de Arrimadas. Horas después, Cs forzaba en Madrid solicitar la fase 1, lo que provocó la dimisión de la directora de Salud. He ahí un ejemplo claro del concepto político de bisagra en claro funambulismo: facilitar el giro hacia uno y otro lado priorizando lo económico sobre lo sanitario. En términos políticos, el partido bisagra suele ubicarse en el centro y decepcionar al electorado de derechas e izquierdas por su ambigüedad calculada e indefinición ideológica. A Cs le funcionó la fórmula en Cataluña hasta ganar las elecciones porque su respuesta al separatismo aglutinó el voto de amplio abanico con la finalidad común de la unidad de España. Pero en política nacional, eso tiene el riesgo bisagra, que dice Girauta, lo que supuso su hundimiento electoral.

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