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El sacramento de la penitencia

Homilía dominical para vivir en plenitud la fe de las creencias. De la censura en España a la confianza del Vaticano
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Pedro Sánchez y su esposa, con el Papa. EFE

A esta hora del día en la que usted lee este pliego del parecer, no sabemos si el Papa Francisco le ha administrado a Pedro Sánchez el sacramento de la penitencia. Es fácilmente deducible que Sánchez es agnóstico y no cree en Dios, por lo que el sacramento queda fuera del ámbito de la fe por su condición de «ateo», que así es como se declaró en alguna de esas entrevistas que después incumplió por insomnio y tendencia irreversible a faltar a la palabra dada, esto es, a la pecaminosa falsedad de la mentira política. A Dios pongo por testigo sin que el viento se lo lleve que tras verse con Francisco luego de superar la Vox-moción de la pandemia lo mismo Sánchez vuelve a creer, porque su yo divino le permite una cosa y la contraria sin que le penalicen como a los demás mortales los conflictos de religión, conciencia y ética. De ser así, el sacramento es posible más allá de ningunear la asignatura de Religión, amenazar la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta o de hostigar desde la sacristía de Sor Celáa la enseñanza privada y concertada.

La moción de censura, en realidad, ha sido como pasar por el confesionario de ‘Gran Hermano’ antes de peregrinar a Roma en busca de la redención. El sacramento de la penitencia es también conocido como el sacramento de la curación, lo cual nos vendría muy bien en la era covid que requeriría del toque de queda confinado para algunos gestores y supuestos expertos. Pero esencialmente, el sacramento de la penitencia viene a ser el sacramento de la confesión, el perdón y la reconciliación. Y ciertamente, tanto en el caso de Sánchez como de Iglesias sólo los sufridos ciudadanos pueden absolverlos de sus pecados pandémicos y perdonarles el abuso alarmante del mando único depositando su voto en el futuro cáliz de las urnas. Aunque Sánchez e Iglesias negaron todos sus pecados de legislatura en la iglesia de la soberanía nacional, lo cierto y verdad es que tanto Casado como Abascal pontificaron contra una obra ajena a la realidad sin arrancar en la carta de respuesta a los corintios una pizca de arrepentimiento socialcomunista salvo la aparente rectificación del asalto al Poder Judicial forzada por Casado y la UE. Ni Pedro ni Pablo, que tienen nombre apostólico, confiesan sus culpas pandémicas que van de la vida pecaminosa en común con los enemigos de launidad de España a los secretos inconfesables del ‘Delcygate’ pasando por el sometimiento de las instituciones con la finalidad de dopar su aspiración de perpetuo poder. Como si fueran la santísima DI-nidad en una reencarnación libre de la Trinidad, esa unidad de destino a lo universal que conforman SanchIglesias como Dios único de fe republicana multiplica como panes y peces la creación de mínimos vitales, escudos sociales y 800.000 mil empleos con cargo a la santa caja B de Bruselas.

Administrar el sacramento de la penitencia al padre, hijo y espíritu santo de la coalición gubernamental es como predicar en el desierto la codicia del espejismo sin oasis y sin creer en el bien común del interés general. No en vano estamos ante el sacramento de la reconciliación que Sánchez e Iglesias niegan al pueblo español en una periódica consagración del dogma de la izquierda. No hay reconciliación, sino confrontación cuando se agita desde la Biblia del BOE el guerracivilismo de la memoria histórica ahora transformada en memoria democrática. No hay reconciliación posible resucitando a Franco como espectáculo visual con el que revivir los errores del pasado que no hay que reproducir en el presente. No hay reconciliación si se practica una política de odios y rencores en la que prevalece la destrucción del contrario y perece cualquier atisbo de unidad.

La moción de censura que terminó siendo de confianza no ha logrado arrancar una penitencia fiable a Sánchez e Iglesias, y mucho menos por la vía del sacramento. La expiación apenas tuvo tiempo de calar en las almas del cristianismo de derechas, como para modificar la ensoñación de una pena de obligado cumplimiento para el ateísmo de izquierdas. No nos consta que el Papa Francisco le haya impuesto a Sánchez rezar cuatro avemarías y un padrenuestro por los más de 56.000 muertos reales por coronavirus no reconocidos oficialmente. Pero no hay que descartar que la penitencia de Iglesias sea hacer el recorrido de rodillas desde la Fiscalía al Supremo para librarse de sus pecados de casta en el caso Dina y en la financiación irregular de Podemos. El sacramento de la penitencia, pues, ha sido el propio escarnio de la moción de censura que ni Francisco buona sera le pudo conmutar por la obligación de gobernar con bondad y verdad en beneficio de todas las Españas. Dijo Jesús a los judíos: "La verdad os hará libres". Pero en el caso del confinamiento político de España, la verdad nos está haciendo prisioneros de una gobernanza que si quiere renovar sus hábitos de poder debe cumplir la penitencia de renunciar al sectarismo, como hizo Casado ganando la moción por el centro a Abascal, Iglesias y Sánchez.

El combate de la moción

En la víspera de la moción trascendió que Santiago Abascal no había actualizado su declaración de bienes en el Congreso tras comprarse un chalet en julio. Vox explicó que lo hará porque no hay un plazo concreto para ello. Abascal e Iglesias acudieron a la moción empatados a chalets. La visualización de los espacios políticos a derechas, centro e izquierdas se hizo nítida en el debate de censura. Arrimadas buscó su sitio con un pie en la parte izquierda del cuadrilátero y el otro en la derecha. Abascal se quedó con la derecha más a la derecha. Y Casado se plantó en el centro ganando claramente por K.O. el cinturón del liderazgo y la alternativa. El dúo gubernamental quería convertir el hemiciclo en la plaza de Colón pero en el epicentro de la plaza de las Cortes sólo vimos a Casado Clay. Sánchez salió vivo, pero el escarnio parlamentario se lo llevó puesto a Roma. En cuanto a las derechas, lo previsible: Vox se quedó sólo con su moción porque esta no era la moción del Partido Popular, que con su voto en contra sorprendió, noqueó, venció y convenció. Si se cumple la profecía, la moción que presente Casado saldría adelante, como la Sánchez contra Rajoy tras la de Iglesias.

Trastornos del poder

La dejacióndel Gobierno al no legislar dando cobertura legal el toque de queda, estados selectivos de alarma y otras medidas anticovid ha convertido la segunda ola en una descoordinación peligrosa para la salud. PSOE y Podemos votaron a favor de subir el sueldo de los diputados pese a planear mayor presión fiscal en los Presupuestos 2021 en plena crisis económica. PP y Vox votaron en contra obligando a socialistas y comunistas a retractarse al ver el revuelo del escándalo. Sánchez calificó de «lucha armada» el terrorismo de Eta en su tuit de despedida al fallecido Joan Mesquida, que dejó el PSOE y se fue a Cs por razones como esta. El número 3 de Podemos, Alberto Rodríguez, dio plantón al Supremo, que le había citado a declarar acusado de agredir a un policía. En cambio su portavoz, Pablo Echenique, ha retirado su recurso ante el Alto Tribunal y satisfará la multa de 11.000 euros por pagar en negro a su asistente. Y la presidenta de Infancia Libre ha sido condenada a más de 2 años de cárcel por sustracción de menores. María Sevilla colaboró con Podemos, que la invitó a asistir al Congreso y al Senado como experta en la materia.

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