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El relato de Eta

10 años sin Eta, in pedir perdón, sin condenar. Dos años largos con socios de gobierno bilduetarras y separatistas 
Arnaldo Otegi y el secretario general de Sortu, Arkaitz Rodríguez. EFE
Arnaldo Otegi y el secretario general de Sortu, Arkaitz Rodríguez. EFE

RESULTA doloroso que el 60 por ciento de los jóvenes españoles no sepa quiénes fueron Miguel Ángel Blanco ni Ortega Lara; tampoco Tomás y Valiente o Ernest Lluch. Ellos y miles de víctimas más, incluidos casi 900 muertos, son la prueba de cargo del daño causado y de la sangre derramada por Eta. Ni el fin de la banda terrorista ni el relato purificador actual absuelven e indultan a una organización criminal que frenó la convivencia democrática en España mediante el tiro en la nuca, los coches-bomba, los zulos carcelarios y su locura parabellum. Los asesinos, secuestradores, extorsionadores y matones totalitarios etarras deben pagar por sus crímenes, pero sus herederos políticos beneficiados por ese pasado de terror asesino también han de cumplir la penitencia social correspondiente para honrar a las víctimas y completar su reinserción. En consecuencia, resulta indecente e inmoral que se blanquee con impunidad a los que no piden perdón, no condenan el pasado terrorista que encarna Otegi y no ayudan a esclarecer los más de 300 asesinatos etarras aún sin resolver.

Cumplidos 10 años del final de Eta, el condenado por terrorismo Arnaldo Otegi se nos apareció como el niño bueno de bondadoso corazón que "lamenta el dolor de las víctimas de Eta". Después supimos que el pacto era excarcelación de presos por presupuestos, lo cual negó más tarde para apaciguar a la Moncloa. Por eso su cinismo fulero no tiene sitio en una sociedad decente con memoria, bien entendido que el relato impuesto por Eta y jaleado por algunos distorsiona la realidad porque falta a la verdad. Siendo esto gravísimo, más lo es aún que nuestra clase política gobernante habilite a Otegi como referente necesario equiparable a los golpistas condenados e indultados del procés. La sucursal política de Eta, EH Bildu, es hoy la segunda fuerza de Euskadi, al igual que el independentismo sedicioso y malversador es la primera en Cataluña. Y a eso ayuda la cultura de la mentira del sanchismo podemita pactando con los enemigos de España. Por consiguiente, cuando Sánchez niega contrapartidas muy pocos le creen hasta el punto de preguntarse si el blanqueamiento no será recíproco. De nada servirá que los relatores de la mentira única le laven la cara a la muerte e indulten al golpismo para mantener en el poder a Sánchez y sacar los Presupuestos de 2022. Para el País Vasco hay un plan parecido al de Cataluña, y eso inquieta al PNV tanto como a los convergentes de la burguesía catalana que, no lo olvidemos, son de derechas, pero confluyen con la izquierda en preservar el poder a cualquier precio. Sánchez fía su futuro a que Bildu gobierne un día en Euskadi como ERC en Cataluña. De esa manera sería invencible en la aritmética de las mayorías que ensayó exitosamente con la moción de censura, lo que le mantiene atrapado en una radicalidad que le impide gobernar para todos.

Que los jóvenes de hoy y una gran masa votante desconozcan o ignoren el pasado terrorista y golpista de las malas compañías societarias de Sánchez tiene una explicación en el paso del tiempo, la militancia ideológica, la propaganda y la utilización de las políticas educativas. Pero ese abandono de la realidad histórica alcanza su delirio más frentista con la aprobación de una Ley de Memoria Democrática que se centra en el franquismo al tiempo que ignora el terrorismo reciente de Eta.

Admitir y fomentar ese relato, amparado en necesidades de partidismo político, trufado con la escenografía del desenterramiento del dictador y pervertido de desigualdad entre territorios y españoles, será la tumba del sanchismo podemita si no se corrige esa narrativa del engaño. Dicha gobernanza tramposa lo admite casi todo en democracia cuando no hay sangre derramada. Pero cuando aún tenemos 315 casos de terrorismo mortal etarra por resolver, cuando se homenajea como héroes a asesinos confesos condenados, el relato partidista e hipócrita se convierte en humillación de las víctimas de Eta. Si una democracia no honra a sus muertos y no señala a sus asesinos y encubridores políticos, hay un evidente déficit de valores y principios que ensucian lo público y corroboran un gigantesco vacío de humanidad.

El relato de Eta es falso porque pierde toda razón ante las tumbas de los cementerios donde descansan los restos de seres inocentes ejecutados sin piedad. Con ese grosero y deshonesto relato ya cuenta la democracia, pero ayudar a ello desde las instituciones del Estado requiere una infame falta de es crúpulos porque sólo busca el rédito político a costa de la necesaria reparación moral. El relato de Eta no se puede escribir en las herriko tabernas del odio ni en los pupitres del suspenso democrático. El relato de Eta no se puede escribir con sangre aún caliente sin que los socios del negocio del poder pidan perdón ni condenen el terrorismo. El relato de Eta no puede imponer a nuestra monarquía parlamentaria la redacción caligráfica de una repentina socialdemocracia cuando en realidad se practica el socialcomunismo. El relato de Eta debe contar siempre la verdad: que la banda terrorista fue derrotada por las fuerzas de seguridad, la ley y la firmeza honesta de los españoles.

El retrato del PSOE

OTEGI ha capitalizado el décimo aniversario del fin de Eta hasta retratar al PSOE. Mientras Ferraz se entusiasmó con el guion-relato del "lamento del dolor" bilduetarra, Otegi desenmascaraba las contrapartidas: "Si para sacar a 200 presos de la cárcel hay que votar los presupuestos —dijo—, pues votamos". Después trató de arreglarlo bajo la vigilancia atenta del socialista Eguiguren en Radio Euskadi, pero lo cierto es que la indignidad de esta revelación forzó a Sánchez a dar un "no rotundo" a la excarcelación de etarras ante la pregunta de Casado en el Congreso. El relato tahúr no convence si Sánchez acepta votos con pasado de sangre para sacar las cuentas del Estado, porque mantiene a Bildu como preferente junto a Podemos y ERC. El retrato del PSOE se completó cuando los socialistas evitaron apoyar una declaración institucional parlamentaria del PP para condenar el terrorismo etarra. Sorprende que la justificación de los portavoces socialistas haya sido que eso "politiza" el debate, cuando en realidad no hay mayor politización que pactar y blanquear a los herederos políticos de Eta.

Política de doble rasero

EL PSOE quiso salvar al diputado de Podemos, Alberto Rodríguez, de tener que dejar su escaño tras ser condenado por el Supremo por delito contra la autoridad, lo que conlleva penas de cárcel o multa e inhabilitación. Pero la mayoría socialpodemita de la mesa del Congreso topó con el sutil requerimiento a ejecutar la sentencia por parte del presidente del alto tribunal. ¿Habrían sido tan comprensivos Batet y el PSOE si el diputado condenado hubiera sido de la oposición? La presidenta del Congreso trata de ganar tiempo cuando todo está muy claro para el Supremo, PP, Vox y Ciudadanos. Y Podemos presionó con una reunión urgente con el PSOE para abordar el futuro de su coalición. Es la política de doble rasero capaz de ejercer el cordón sanitario contra el PP, pero no contra Bildu. Otro ejemplo: moción de censura para desalojar al alcalde de Badalona, Xabier García Albiol, por una sociedad offshore que según el popular era legal. PSC, ERC y la CUP se alían de nuevo después de que el anterior alcalde socialista de la cuarta ciudad catalana, Badalona, se viera obligado a dimitir por saltarse borracho el confinamiento.

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