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El plan Cotobade

La fórmula de Pablo Casadp ante el declive de Pedro Sánchez ► Centrismo de derechas frente a la izquierda populista radical 
feijoó y casado en 2019
feijoó y casado en 2019

NO TODOS los caminos conducen a Roma. En este doble año Xacobeo los senderos de la vida también conducen a Galicia a través de los distintos caminos de Santiago. Y hoy domingo, todos los caminos del PP llevan a Cotobade en el inicio del curso político. Pablo Casado mantiene la tradición popular porque Galicia es, como Madrid, una referencia del centroderecha español.

Casado ha hecho esta semana su particular camino espiritual a Cotobade desde Murcia a Pontevedra, pasando por Ávila y Canarias. El líder del PP pisa el litoral contaminado, la calle asfaltada y el campo quemado porque en la oposición se puede. No como Sánchez, pues el presidente del Gobierno rehúye cuanto puede polémicas, silbidos y abucheos porque el poder desgasta. Haciendo uso de su mayoría socialcomunista- separatista ha evitado rendir cuentas en el Congreso sobre la repatriación de Afganistán y el atraco del recibo de la luz a los españoles, entre otras responsabilidades de Gobierno.

Sánchez se esconde tras sus ministros,ministras y ministres, que para eso están: para poner la cara y llevarse las bofetadas correspondientes en ambas mejillas. Ese es el caso de Marlaska, seguramente el sánchez-boy más reprobado y merecedor de cese fulminante como Ábalos y Redondo. Un juez tan enmendado por sus colegas como titular de Interior, ahora con la paralización de la devolución de los menores de Ceuta a Marruecos, no debiera seguir un minuto más en su cargo. Pero sabedor de que Marlaska obedece hasta el límite de lo permisible, Sánchez lo mantiene como recadero de desvaríos, excesos, expulsiones y concertinas.

El mismo día que el PSOE usaba el rodillo parlamentario para proteger a Sánchez, la mano de Félix Bolaños metió en la agenda de Moncloa la reunión de Sánchez con el presidente popular ceutí y la visita de la vicepresidenta de Transición Ecológica a La Manga del mar Menor en plena crisis medioambiental. A eso se le llama hacer un pleno de prestidigitación política muy habitual en las prácticas del sanchismo podemita.

Por todo ello cobran significado los planes de oposición del PP frente a la desidia de la tri-coalición del PSOE y Podemos con los separatistas. Mientras la UE admitía esta semana que no tiene ningún plan para los afganos evacuados que están llegando a España, Sánchez se ofrecía a la acogida para tapar su lentitud y presumir de solidario como hizo con aquel brindis al sol del Aquarius mientras ahora deporta ilegalmente a menores inmigrantes.

La obsesión propagandística de este gobierno no encuentra límites en la realidad, de modo que nunca deja que la verdad le estropee sus planes publicitarios. Mientras Casado ofrecía ayuda y comprensión al Gobierno en la crisis de Afganistán y migratoria o los incendios de Ávila, La Moncloa evitaba declarar zona catastrófica la Manga del mar Menor tras superar las 5 toneladas de peces muertos por la contaminación de vertidos y la repercusión que eso tiene en el turismo y todos sus derivados.

Pablo Casado arranca el curso político con el viento de cola a favor tras la malograda conspiración de Sánchez y Arrimadas en Murcia y la victoria incuestionable de Ayuso en Madrid. Si Zapatero sólo tuvo un Plan E de despilfarro y Sánchez no tiene ni plan B para la pandemia covid fuera de la vacunación y los fondos europeos, Casado cuenta con un plan de fortaleza autonómica y municipal que lo catapulta hacia La Moncloa según todos los sondeos.

Si hay un adelanto electoral en Andalucía como se predice y Moreno Bonilla se mantiene en la Junta, el líder del PP recibirá otro impulso que dolerá al sanchismo más insolente, el sanchismo que persigue a las comunidades contestarias que no le votan y favorece a las gobernadas por sus socios. Sánchez se ha rodeado de alcaldesas desconocidas en su nuevo Gobierno porque sabe de la importancia de las bases del PSOE para sostenerse en La Moncloa.

Casado cuenta con Ayuso o Feijóo como colaboradores estelares en la tarea de reconquista del Gobierno, de ahí que mime las plazas en las que el PP obtiene su poderío electoral. Una prueba de ello es su presencia de hoy en Cotobade, donde la firme ‘carballeira’ gallega da robustez al liderazgo de Casado. El portavoz y alcalde madrileño, Martínez Almeida, ha exhibido su carisma en el Camino Primitivo de Santiago.

De aquel tiempo de los Albertos (Feijóo y Gallardón) sobrevive la moderación política que permite al PP optar de nuevo al poder con la suma de Vox. Ahí está el difícil equilibrio de Casado en la cuerda floja de la política: hacer creíble la centralidad del PP ante la opinión pública mientras la izquierda agita el fantasma de la derecha extrema. Algo que la factoría de La Moncloa hace muy bien pese a que los pactos de Sánchez con la extrema izquierda comunista y separatista hablan por sí solos de radicalidad hasta llegar al abuso de los indultos. El plan de Casado empieza con el modelo ideológico de oposición y libertad que representa Ayuso en Madrid, y pasa por Cotobade, es decir, por la Galicia centrada que representa Feijóo.

El plan Cotobade