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Colombo y caso del ninot

La carga de la prueba en las malas artes de la fábula separatista. Película de irreverencias en la España actual

El ninot del rey Felipe. EMILIO NARANJO (EFE)
El ninot del rey Felipe. EMILIO NARANJO (EFE)

COLOMBO FUE una serie mítica americana que triunfó en la década de los 70 y 90. El teniente Colombo encarnado por Peter Falk resolvió casos de asesinato desde 1968 hasta 2003 de forma intermitente con un estilo único que incurría en todos los tópicos del personaje corriente hasta alcanzar la genialidad sublime de la inteligencia superdotada. La serie se está reponiendo actualmente en el canal Paramount Network, y es muy recomendable porque se trata de largometrajes cinematográficos repletos de primeras figuras de la gran pantalla como Vera Miles, Ray Milland, Janet Leigh o Faye Dunaway y de grandes directores como el mismísimo Steven Spielberg. Viendo el otro día una de esas pequeñas obras maestras, Colombo entraba en una galería de arte de Los Ángeles de 1974 siguiendo el rastro de un homicidio. La galerista contestaba a sus preguntas mientras contemplaban obras carísimas que alcanzaban precios de miles de dólares de la época. Después de observar varias creaciones indescriptibles, Colombo preguntó rendido qué costaba y qué representaba una obra que colgaba en lo alto de la pared de la Galería de arte contemporáneo. La galerista, entre perpleja y ofendida, le contestaba: "Teniente, esa es la rejilla del aire acondicionado".

Arco ha abierto un año más en Madrid con el mismo menosprecio de siempre a la inteligencia del ser humano. Porque si bien hay algunas creaciones de interés artístico verdadero, la mayoría son grandes tomaduras de pelo que traicionan el auténtico arte y faltan al respeto de grandes genios como Miró o Warhol, por poner ejemplos no clásicos. Y de nuevo la dirección de la Feria de Arte Contemporáneo ha hecho el juego al independentismo y republicanismo excluyentes al incluir un ninot gigante del rey Felipe valorado en 200.000 euros cuya condición de venta en España obliga por contrato al comprador a quemarlo en el plazo máximo de un año. Como sugerencia, propongo el indulto y que lo compre Puigdemont con dinero público para colocarlo en los jardines de Waterloo. Realmente sublime e inexplicable que agitadores de humo confundan libertad de expresión creativa con irreverencia. Santiago Sierra firma esta libertina insistencia del desafío mediocre y provinciano. Se trata del mismo publicista subvencionado que el año pasado provocó un gran revuelo colgando una obra titulada Presos políticos en la España Contemporánea representada por fotos de los golpistas que ahora están siendo juzgados en el Supremo. La presunta obra llegó a ser retirada por la organización de Arco. Y ahora, el tal Sierra vuelve a perseguir el escándalo político y mediático con su ninot real de cuatro metros y medio. Sin duda, todo un ejercicio de antiarte destinado a la provocación que roza la insumisión artística e incurre en apología rebelde y sediciosa de la propaganda. Supongo que Colombo enseguida encontraría culpable de ridiculez a Sierra, mal aspirante a la fama artística y alumno estéril e imposible de la genialidad creativa.

Cuando el año que viene vuelva a abrir Arco sus puertas, este Sierra con fijación en el cerebro puede colgar las sentencias del juicio del procés como rollos de papel de wáter sobre el retrete de la democracia y un ejemplar pisoteado de la Constitución española. Como complemento se atreverá a incluir en la pared alguna foto quemada del Rey pero no una caja fuerte llena de signos del 3 por ciento. La dirección de Arco sabe que con este tipo de crematorios bolivarianos en la supuesta república independiente de Cataluña o del tirano Maduro no le permitirían tan generoso ejercicio de libertad de expresión por faltar a los valores institucionales que garantizan nuestros derechos, obligaciones y libertades. El ninot del Rey etiqueta a Sierra como fallero impostor y mayor del reino de España, incluida la autonomía de Cataluña.

Es notorio que España está asediada por una manifiesta deslealtad constitucional y por un sintomático populismo que galopa a lomos de la generosa democracia. Y así, estamos viendo en el juicio del procés cómo los entusiastas imputados y juzgados, presos preventivos que se muestran ante el tribunal como almas caritativas que no han roto un plato en su vida, actúan con un fanatismo solo al alcance de un país pleno de libertades y garantías judiciales que permiten con sumisión el proselitismo del agitador futbolista y político Piqué. Son mítines que no tienen parangón en la historia reciente de la justicia española y representan un ejercicio de cinismo, hipocresía y engaño que España no merece. Esta gente que ahora se sienta en el banquillo ha convertido en un infierno la vida de más de la mitad de los catalanes que se sienten españoles. El tormento diario machacante del matillo pilón separatista dificulta la convivencia y el cumplimiento de derechos fundamentales. Y por momentos, todo parece una gran feria de desastre contemporáneo que ni la larga e incomparable inteligencia de Colombo sería capaz de descifrar o resolver.

La declaración de Rajoy

LA PREPARACIÓN de la declaración de Rajoy para el juicio del procés ha sido una tarea de pocos días que el expresidente llevó de forma íntima e individual. Eso se evidenció en las diferencias de discurso de Soraya Sáenz de Santamaría, Cristóbal Montoro y Juan Ignacio Zoido. La ley prohíbe coordinación de las declaraciones de los testigos, algo que la defensa de los golpistas intentó deslizar. Pero es evidente que la versión del anterior Gobierno sobre ese triste episodio de la democracia constitucional española no tiene fisuras. Rajoy tiene muchas fórmulas para cotejar datos, y pudo acudir a personas de su máxima confianza como Carmen Martínez Castro, exsecretaria de Estado de Comunicación. Urkullo dejó sin argumentos de mediación relatora al sanchismo y el separatismo. Rajoy pactó con Pablo Casado no acudir acompañado al juicio, puesto que "Mariano es poco amigo de ese teatro que suele utilizar el independentismo". Nos consta que muchos diputados y senadores se ofrecieron para arropar a Rajoy, pero él rechazó esa opción fiel a su congénita discreción.

Tortas por las listas

LA CELEBRACIÓN de cuatro elecciones entre el 28 de abril y el 26 de mayo ha puesto a prueba el aparato de los partidos con la confección de las listas. Sánchez opta por cabezas de lista del consejo de ministros para blindar al líder contra toda injerencia y deslealtad. Tras el lío de Madrid, Podemos se transforma en un partido feminista como baza electoral pues "unidas" creen que pueden. Cs se ha empeñado en presentar como independientes a tránsfugas de PP y PSOE. Y el PP anda entre la renovación, la experiencia y el CIS prosocialista de Tezanos. La lógica dice que, siendo el veterano Borrell cartel socialista europeo, el PP tiene a Margallo y González Pons. La presidenta del Congreso, Ana Pastor, merecidamente ovacionada en el último pleno, puede ser diputada por Galicia como Jaime de Olano. Y José Manuel Barreiro repetirá al Senado por Lugo en su condición de exportavoz del PP que gestionó el 155. En Madrid hay "tortas por las listas", pero la gran incógnita es el número dos de Casado. Descartado Suárez Illana, se busca un gran golpe de efecto. ¿Hombre o mujer? Ana Pastor es muy superior a Calvo, segunda de Sánchez por Madrid.

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