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Cayetanas, cucas y almeidas

Ascenso y caída de Álvarez de Toledo. El PP busca el camino de la centralidad
Cayetana Álvarez de Toledo. RICARDO RUBIO (Efe)
Cayetana Álvarez de Toledo. RICARDO RUBIO (Efe)

LO DE CAYETANA estaba escrito desde el principio en las predicciones del fracaso. Su estrellato iba a ser efímero sí o sí porque no es mujer ni política de disciplinas ni de partido. Cayetana siempre ha ido e irá por libre, porque ejecuta hasta el límite su aumentada leyenda intelectual. Álvarez de Toledo es tan exclusiva como un premio nobel y tan friki como los tertulianos rojos de Jorge Javier. A ella le gusta pensar y decir lo que piensa. Y a veces lo dice pensado sin pensarlo, porque le sale natural de su ADN libertino. Cayetana mira a los ojos cuando te habla en tono de superioridad, lo cual suele intimidar al sexo masculino y encabronar a sus contrincantes femeninas. Despierta celos en ellas y un deseo insaciable de ego y autoestima en ellos.

Es esclava de su formación y su trayectoria, y hasta podría decirse que incluso parece la doncella prisionera de su propia grandeza dogmática. Su rol de pensadora fatal la lleva siempre allá por donde causa estragos la polémica. Y eso le ha costado la portavocía popular del Congreso y le ha proporcionado una imagen de rebelde indomable arrastrándola hasta el cementerio de las heroínas díscolas y conflictivas. Por expresarlo de otro modo, es muy posible que en Génova la hayan visto como una peligrosa amante del engaño que solo se quiere y representa a sí misma. Porque Cayetana coqueteaba a menudo con el rival malote que tan atractivo resulta y tanto perjuicio ideológico causa a su partido, sabiendo como se sabe que el PP es a menudo víctima de esos complejos que favorecen a la izquierda. La coincidencia de su discurso con el de Vox es evidente, y aunque eso ensanchaba los márgenes electorales por la derecha es innegable que restaba en el centro.

Cuando Pablo Casado la nombra portavoz en contra de una parte importante del PP, incluidas baronías como la de Feijóo, atiende a la lógica de corresponder al aznarismo que sopla del pasado y resopla de Faes, a su condición de mujer, y a la necesidad de robar espacio y discurso a Abascal. Pero a medida que el partido se ha ido jugando, Casado ha comprendido que en esta carrera de fondo Cayetana le empujaba al precipicio incontrolable de la indisciplina, también llamado verso suelto malsonante. Se puede rimar libremente si tu rentabilidad política es incuestionable, como en el caso pasado de Gallardón y Aguirre o en el presente de Feijóo. Pero si tu arrastre electoral como cabeza de lista en Cataluña se queda en dos escaños, y tus habituales discrepancias se convierten en un clásico de la prensa enemiga y del rival político, parece claro que los días de vino y rosas se vuelven marchitos y resacosos como las borracheras de aguardiente.

A Cayetana se la ha llevado la pandemia interna genovesa en el afanoso beneficio del proyecto colectivo, siempre supeditado al partido y al liderazgo de Casado. Y eso va dejando víctimas en el intento de construir una alternativa verdadera y única que sume en el centro-derecha para recuperar el poder. Muchos pueden pensar que el cese de Cayetana es hacerle un favor a esa izquierda que gobierna sin complejos. Pero el efecto Feijóo con su victoria abrumadora en Galicia marca el camino de la moderación como receta más segura para evitar que Sánchez siga cohabitando con comunistas, separatistas y proetarras aún a costa de generar dudas sobre la monarquía, la unidad de España y la vigencia de la Constitución.

El perfil de Cuca Gamarra dice mucho de lo que busca Casado: trabajo, centralidad, lealtad al PP y eficacia por encima de titulares estruendosos y arengas ideológicas personalistas. Ese es el mensaje a navegantes que lanzan Casado y su equipo con este jaque a la reina insurgente con el que proteger el liderazgo del PP hasta el próximo congreso y las próximas elecciones generales. El ascenso de Martínez Almeida como portavoz nacional del PP es de una lógica aplastante, reforzado por la dualidad como alcalde de Madrid. Su ubicación en la capital le daba ventaja sobre Feijóo, que lo tenía más difícil siendo presidente autonómico de las afueras periféricas.

Almeida se ha consolidado durante el coronavirus, tiene buena prensa y es respetado por la izquierda. Feijóo ve bien su nombramiento porque lo considera un activo de futuro. Como Isabel Díaz Ayuso, Almeida también tiene peso ideológico pero bajo la apariencia moderada de quien dice lo mismo que Cayetana sin causar calamidades políticas y mediáticas. En cuanto a Ana Pastor, nadie tiene dudas porque su valoración siempre es buena. Además de vicepresidenta del Congreso, accede al Comité de Dirección del PP como vicesecretaria de Política Social, encarna le herencia moderada del marianismo y representa a la perfección la adaptación a la era Casado desde la suma y la lealtad.

Cuando el líder del PP le encargó a Pastor la Comisión de Reconstrucción del coronavirus estaba invirtiendo en un seguro contra incendios, porque sabía que esa labor en manos de Cayetana acarreaba riesgos pirómanos. Y es así como Pablo Casado afronta la parte principal de su liderazgo popular de cara un posible adelanto electoral, en medio del caos de la coalición multiusos y ante la moción de censura de Vox.

Operación Cayetana

DECIR QUE LAS críticas al Rey emérito en la entrevista de El País fueron el detonante principal del relevo de Álvarez de Toledo es como recitar a Góngora creyendo que es Quevedo. Casado viene pensando en el cambio desde hace tiempo, y esperando el momento para hacerlo. La próxima e inminente moción de censura de Vox precipita el cese, porque el aparato de Génova no puede garantizarse el control del grupo parlamentario con la portavoz actuando sin disciplina de partido. Cuando algún dirigente de Vox habla en privado de Cayetana siempre añade que públicamente evitaban mostrar coincidencia para no perjudicarla. Lo cual explica que en la fontanería genovesa alguien advirtiese que había un exceso de proximidad sin el consentimiento de Casado. El temor ahora es ver qué hace Cayetana, y si espera el instante político menos oportuno para dejar su escaño. En los tabloides digitales alguien especula con que Cayetana pudiera ser la candidata de la moción de Vox, lo cual es devaluar su talla ética. Pero sin duda sería un golpe de efecto a nivel de tragedia griega.

El reinado de Sanxenxo

QUE AL REY le gustaría vivir en Sanxenxo más que en Estoril es una certeza confirmada por la frecuencia de sus visitas y porque su marcha es un paréntesis. Su vuelta reforzaría el reinado de Sanxenxo como destino turístico de Galicia. El alcalde Telmo Martín ha parcelado la playa contra el virus y ensanchado de lunares blancos sobre fondo tirando a morado los pasos de peatones (turistas). Se nota la mano del edil y mayor seguridad en la ciudad donde Rajoy pasa sus vacaciones. El expresidente sigue haciendo sus rutas de piedra y agua por Ribadumia con el marido de Ana Pastor, José Benito Suárez, pero ya no son portada. Con Sanxenxo solo compite A Toxa, donde el empresario Amancio López Seixas ya ha convocado para octubre el segundo Foro La Toja donde repetirán Rajoy y González, y donde estará también el número dos del BCE, Luis de Guindos. En el Balneario de La Toja cenaron hace unos días Rajoy y Feijóo con más comensales: chapurrearon del virus, el futuro del PP y los resultados electorales en Galicia. Feijóo toma posesión el 5 de septiembre, con Casado presente.

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