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Cómo la AstraZeneca convierte en el increíble Hulk a un señor mayor y cojo

TESTIGO DIRECTO ► "Dicen que es la vacuna menos fiable, pero el whisky malo también emborracha, y crees que todo vuelve a ser norma"
Vacuna de AstraZeneca. EFE
Vacuna de AstraZeneca. EFE

¿Quién dijo miedo a la AstraZeneca? Aunque no me ilusionen los pinchazos, la llegada del mensaje del Sergas para anunciarme el Día D fue una inyección de moral. Otros pensarán a priori que la mía no es una buena semana, ya que puesto a estrenar el Hula, lo hice a lo grande. Acudí dos veces en tres días. Una lesión de rodilla me llevó a Urgencias el martes de noche. La médica me lo dejó claro. "Tiene usted que adelgazar ". Me preguntó qué tomaba para el dolor, a lo que respondí modosamente que nada, mientras que ella no lo indicase. "Hombre, debe usted cuidarse más. Tiene ya 61 años". ¡Qué manera más delicada y entusiasta de llamarme gordo y viejo a la vez! Se lo perdono porque, además de ser verdad, las sugerencias venían envueltas en papel de regalo. Todo era amabilidad y profesionalidad.

En esas discutibles condiciones previas acudí a la cita con la AstraZeneca. Un deportista me advirtió, horas antes, de que tenía amigos, muchos de ellos jóvenes policías locales y profesores, que tuvieron episodios de fiebre o malestar. Entonces vi la luz. Estar en forma podía ser el riesgo. Otra inyección más de confianza.

Cuando llegué al Hula flipé con la organización. Cada cinco metros te indicaban por donde tenías que ir. Todo iba con rapidez y sin colas. Un ejemplo de eficacia. Eran tan veloces como cuando nos vacunaban de niños contra la viruela a la entrada de la escuela.

Me senté en el box y casi ni me dio tiempo a hacer el giro de cabeza del ‘miedica’ para no ver la aguja cuando la enfermera anunció: "Ya está". Ni me enteré. Tras el cuarto de hora de rigor sentado en una sala de espera, salí del hospital a la pata coja, pero con el ánimo como una moto. Tanto es así, que al llegar a la Redacción, moví un poco la máquina de los snacks al quedar enganchada una botella de agua y se salió del sitio una bandeja. Aunque no estoy ni para levantar un lápiz, la casualidad produjo un cataclismo y llegaron las bromas. "El increíble Hulk", comentó una compañera. "Será el efecto AstraZeneca", contesté.

Fue un día tan ajetreado como maravilloso. Pasan de las diez de la noche cuando escribo estas líneas, pero no siento ningún cansancio. Estoy tan emocionado que incluso me siento liberado de la fatiga pandémica. La única pega, aunque supongo que habrá razones científicas que lo aconsejen, es esperar tres meses por la segunda dosis. AstraZeneca sufre el sambenito de ser la más barata y menos fiable de las vacunas, pero el whisky malo también emborracha. "Hai que repoñer", como dicen los clásicos en el mostrador de las tabernas.

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