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Terrorismo machista

LA JUEZA Francisca Verdejo lo tiene claro. La violencia de género es terrorismo machista, el mismo que mató el jueves en Becerreá a Ana Gómez Nieto, de 40 años, delante de sus hijos. Ellos son dos víctimas más de una lacra que se ha cobrado más de mil vidas de mujeres en los últimos quince años, más que las arrebatadas por Eta en toda su historia.

Francisca Verdejo, especializada en violencia de género, habló de terrorismo machista a Jordi Évole hace unos días. El programa se titulaba ‘El machismo mata’. Puede que José Manuel Carballo, el asesino de Ana, el que la mató de un tiro por la espalda, viese los anuncios de este espacio televisivo.

Puede que hasta viese el programa, como los autores de los mensajes que, poco después de la emisión, se multiplicaron por las redes sociales clamando contra este tipo de periodismo, que convierte, según ellos, algo anecdótico en un drama nacional.

Y es que, aunque parezca increíble, hay quien llega a inventarse cifras escandalosas de denuncias falsas por violencia de género, otros que se quejan de que en España no hay ni siquiera estadísticas de hombres asesinados por sus mujeres porque no interesa y otros que utilizan argumentos similares más para victimizar a los hombres.

Claro que existen denuncias falsas —según la Fiscalía General del Estado, el 0,1% del total— y claro que hay mujeres que matan a sus parejas, pero no estamos hablando de un problema transversal como es el machismo.

¿Y qué es lo más grave? Pues que esa ideología, porque el machismo lo es, está sustentada por un sistema social. Lo verbalizó también en ese programa que tanto ofendió a algunos el psicólogo y terapeuta Jorge Freudenthal, que trabaja diariamente con maltratadores. Y dio en el clavo. Uno de esos maltratadores relataba cómo había machacado a su pareja y decía que ese tipo de comportamientos los había mamado desde pequeño. «Mi madre se lo consentía a mi padre y mi abuela a mi abuelo».

Pero no es que consientan las víctimas, es que consiente buena parte de la sociedad. El machismo está muy interiorizado, en pequeñas cosas y en otras más grandes, y es dramático ver la fuerza que tiene en las nuevas generaciones y cómo las redes sociales se convierten en un perverso instrumento de dominio y control.

Ana Gómez es la novena mujer muerta en lo que va de año por violencia de género. Pero su muerte no puede ser una cifra más. Es otra vida perdida a causa de una tara muy grande de una sociedad que no acaba de reaccionar.

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