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Rompecabezas

Miguel Ángel Pino coordina el montaje del puzzle del colegio Ferroviario de Monforte


LOS NIÑOS del colegio Ferroviario de Monforte están inmersos en la composición del puzzle más grande del mundo. Son nada más y nada menos que 24.000 piezas que hay que encajar para convertirlas en un cuadro de 5,40 metros de largo por 1,70 de ancho. Dice el responsable de la iniciativa, Miguel Ángel Pino, que los chavales se muestran entusiasmados y que muchos que empezaron con el reto el pasado año continuarán durante el presente. Habrá que buscar relevos, supongo, pues el rompecabezas no estará listo hasta el 2021, año en el que muchos de los que participan habrán cambiado de centro educativo por edad. Es de esperar que haya jovenzuelos que tengan las mismas ganas que sus actuales compañeros de completar un trabajo realmente difícil.

Y es que todos los rompecabezas lo son, únicamente que sean esos que se adjuntan de regalo con cualquier bollito dulce que se vende en los supermercados o en los kioskos y que constan, como mucho, de seis piezas tan distinguibles que hasta un servidor es capaz de montarlos en un abrir y cerrar de ojos.

Personalmente, prefiero llamarles puzzles, una acepción menos agresiva que rompecabezas, pues, la verdad, puede intimidar, y mucho. El alcalde de Monforte, José Tomé, tenía uno que quizá sería mejor llamarle rompe cabezas. Sí, separado. Me refiero al problema enquistado desde hace un montón de años en la Rúa Duquesa de Alba, donde se concentran la mayor parte de los locales de hostelería destinados al llamado ocio nocturno.

Al Ayuntamiento de Monforte se le acumulan en la mesa varias cuestiones tipo puzzle


Cogió las piezas y buscó la solución, que ha pasado, o al menos se está en ello, por clausurar aquellos locales que no se ajustan a la normativa vigente y cuyos propietarios han mostrado un total desinterés por adaptarse. De doce pubs, seis han recibido orden de cierre y en los próximo días uno o dos más se podrían sumar a esta lista. Otra cuestión era el incumplimiento del horario de cierre, lo que propiciaba no pocas molestias a los vecinos. La solución para este otro rompe cabezas ha consistido en vigilancia y emisión de expedientes sancionadores hasta alcanzar el número de 200, que se irán resolviendo en forma de multas.

Estas no son las únicas cuestiones que el regidor monfortino tiene sobre la mesa para buscarles encaje. Podemos, al menos, citar otras dos.

Una se llama Aqualia y lleva camino de convertirse en un puzzle como el que están montando los niños del Ferroviario, para cuya solución habrá que esperar cinco años.

Se lleva con él desde el 2003, con la llegada del nacionalista Severino Rodríguez a la alcaldía de Monforte, y 14 años después, lejos de estar resuelto, cada vez se hace más complicado aunque se hayan despejado algunas incógnitas, como que el Ayuntamiento no tiene que satisfacer ningún desequilibrio económico financiero a la empresa que suministra el agua a los vecinos.

La otra cuestión, más que un puzzle o un rompe cabezas, es un cajón de sastre en el que da la impresión de que nadie quiere meter la mano. Me refiero al mercadillo que todos los domingos se instala en una parte del parque de Os Condes.

Ni el anterior gobierno ni el actual se han decidido a poner orden, como si les quedase grande, como si al ver la cantidad de fichas que tiene se arrojase la toalla inmediatamente sin intentar componerlas.

Antes de comenzar esta líneas que estoy componiendo me he parado a pensar un poco sobre lo escrito en los anteriores párrafos. ¿Y si el alcalde estuviese preparando algún tipo de estrategia para atacarlos, para resolver tanto lo de Aqualia como lo del mercadillo dominical y no da pista alguna sobre ello?

Es una posibilidad. De todas las maneras, tenemos por delante año y medio para saber el interés de José Tomé para componer estos dos puzzles.

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