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Resu: ejemplo de civismo

Las 6.000 entradas vendidas en dos horas avalan un festival con doce exitosas ediciones

EL PRIMER día del Resu del pasado julio compartí terraza en Celeiro con una pareja que, rebosando ilusión y supongo que algo de cansancio por el viaje, degustaba cerveza y percebes. Hacia el final del festival me pareció verlos de nuevo, con cara más cansada pero igualmente contentos. Ojalá hubiera dos ediciones del Resurrection Fest al año. Lo dice la hostelería mariñana, no solo la vivariense y, probablemente, lo compartirían estos jóvenes. Nada extraño pues pocos acontecimientos son capaces de atraer a 86.000 personas sumando los cuatro días de verano, sabiendo además que no es un simple macrobotellón. No hay incidentes graves. Los "resus" acuden por la música además de por las playas y el buen ambiente/organización. Muchos repiten visitas fuera de estación, con la familia o incluso han llegado a comprar alguna segunda vivienda en la zona.

A nadie sorprende que para la edición de julio del 2018 se vendieran 6.000 entradas en apenas dos horas sin ni siquiera conocer oficialmente un solo grupo. O que el Resu esté nominado a seis premios de los que concede el público y un jurado del ramo de los festivales españoles. Porque, en definitiva, tiene muy buen cartel.

Y, sin embargo, si teclean saldrán también por ahí cifras de sanciones administrativas a gente que acude con drogas encima, algo que seguramente sucedería en cualquier macrofiesta patronal o temática del verano de someterlo a dispositivos de control tan serios como los de estos festivales. El vademécum legal o ilegal es extenso, se sirva en bodega, feria, festival, en las barras o a las puertas del súper. Quisiera yo ver el recuento de beodos tras la degustación de caldos en las ferias vitivinícolas.

En el Resu de Rammstein, lo más "destacado" de este año, según el parte oficial de incidencias, fue que unos chavales chocaron en A Gañidoira con un animal salvaje. Les cuento –vivo a pie de festival–  dos o tres más: una pierna rota resultado de cabriolas musicales, un mariñano transtornado que la montó en un bar de Celeiro y un altercado de unos vivarienses con otros dos vecinos en un local de Lodeiro.

Nos llegaron anónimos con quejas por las incomodidades del gentío y la fiesta ajenas, como todos los años, sin que sepamos el motivo de que los afectados no acudan previamente al consistorio a tratar de paliarlas. Que algún año sí se pidieron. Puede que sea cabreo momentáneo pero en Celeiro los vecinos se alegran de estas concurridas fechas y no llaman a la Policía para retirar el coche mal aparcado de quien llegaba por los pelos al concierto. Hay civismo.

Lejos de desacreditar al festival, con doce ediciones que mejoran en grupos y servicios, el fenómeno va a más y deja recuerdos de primera, seguramente también porque la organización mantiene abiertas sus orejas, no se esconde y asume que necesitará más urinarios en el recinto y acampadas.

Esos días de flirtear en la costa lucense con la música y la desinhibición, de euforia en grandes espectáculos para olvidar la ansiedad diaria, ya sea surfeando por encima del público o tranquilamente tomando la cerveza del año, se han vuelto casi imprescindibles en Viveiro, incluso para la gente mayor del pueblo que añora y aplaude tantas ganas y gente distinta. Ven que los tiempos han cambiado y las nuevas generaciones se mueven en direcciones distintas a las que marcan instituciones ya caducas.

Me alegro de que les vaya bien. Somos tan dados a ir por el que saca la cabeza, con o sin dinero, que es bueno ponerse en guardia ante la crítica mediocre del éxito de los demás. Quizás por eso haya quien no les perdone la utilización de espacios públicos que consiguen. Como si estos no se cedieran para otras muchas fiestas y actividades comerciales. El Resu triunfa en lo mercantil y ojalá festivales que tratan de avanzar en Burela o Xove programando distintos estilos sean capaces de crecer. Porque nos han traído el espectáculo a casa y la hostelería gana en estos días. Viveiro suena más que en cinco Fitur... y los "resus" repiten como turistas. Pese a letras cargadas de adicciones, problemas y mundos oscuros, amplificados con música desde los escenarios, hasta un párroco local celebró en su homilía que todo hubiera salido bien, sin incidentes.

A veces somos más razonables y "modernos" de lo que pensamos o nos piensan. Los obstáculos para prevenir atentados terroristas en las travesías de Viveiro o el acceso al festival, que el tráfico del puerto de Celeiro debía sortear día y noche, no generaron problemas ni miedo. Nos hemos acordado al echarlos en falta en las Ramblas. No sé como podrá crecer y conservarse el civismo del Resu, espero que se permeabilice aún más con Viveiro, larga vida al festival.

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LA CONSIDERADA como mejor ría del Cantábrico en cuanto a abrigo del mal tiempo también tiene posibilidades a la hora de ofrecer recalada a turistas que navegan tranquilamente. Viveiro no podrá competir con Vigo o A Coruña en la llegada de grandes cruceros pero sí es una puerta de entrada para visitantes como los que llegarán el sábado en el buque Bremen, casi un yate de lujo enorme, en la que será segunda escala de este tipo. Viveiro, Mondoñedo, A Mariña se abren un poco más. Un acierto para el práctico Andrés Díaz Ferro y la alcaldesa María Loureiro, que anima al adecentamiento de la villa.

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UNA cosa es predicar protección y medidas sociales, como hizo recientemente en Celeiro el director del Instituto Social de la Marina, Luis Casqueiro Barreiro, y otra dar trigo. La negativa del ISM a aplicar el máximo coeficiente reductor (0,40) a marineros que se pasan media vida pescando en mitad del Atlántico, el Pacífico o el Índico supone un castigo para gente muy esforzada. Habrá que preguntarle a su jefa, la ministra Báñez, por qué lo decreta mientras en los barcos del ISM sí lo aplica. ¿Por qué en Telefónica se prejubilan tan anticipadamente, o en la estiba y marina mercante, pero el Gran Sol "hai que roelo"?

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