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Notas de O Hórreo

El debate mostró más sintonía política sobre Cataluña que sobre Galicia


EL 23º DEBATE del estado de la autonomía de Galicia no pasará a la historia por su brillantez ni mucho menos por la capacidad de acuerdo entre los distintos grupos del arco parlamentario, aunque sí hay que admitir que, en su conjunto, el paquete de compromisos que sale del mismo contiene algo más de sustancia que el de las últimas ediciones. Ahora falta que las 40 propuestas que la Cámara sacó adelante —todas las del PPdeG— no queden en papel mojado y que tengan la repercusión en la vida de los gallegos que de ellas se espera, ya que no siempre es así.

De momento, las rebajas de impuestos, el aumento de la baja de maternidad, la ampliación de la Tarxeta Benvida, los descuentos en guarderías o las oposiciones con cada vez más plazas certifican que la recuperación económica es una realidad, como ya se empezó a vislumbrar en el debate de 2015, en el que se aprobaron medidas en una línea muy similar. Porque la memoria es caprichosa, pero basta con echar la vista atrás para recordar que en el debate de 2012 el acuerdo estrella del debate de política general fue la fusión de los ayuntamientos de Oza-Cesuras, en 2013 la propuesta de reducción de escaños en la Cámara de 75 a 61 —más tarde aparcada en un cajón— y en 2014, un paquete de medidas anticorrupción. Así que, por simple comparativa, el debate que se cerrró ayer en O Hórreo sale ganando por goleada.

→ Cataluña sí, Galicia no
Pero eso no quiere decir que a los políticos haya que aprobarles sin más el expediente. Al contrario, en su conjunto salen de tres días de debate con varias asignaturas suspensas, especialmente la de su capacidad para llegar a acuerdos en las cuestiones que ellos mismos bautizan como «de país». Y es que dos propuestas aprobadas por unanimidad de 160 es un balance desolador, idéntico por cierto al de 2013, cuando se hablaba de «fracaso» de la gestión de Alberto Núñez Feijóo por conseguir tan pocos apoyos a su gestión. Entonces salieran adelante 53 propuestas —cada grupo tenía 50 y no 40 como ahora—, por lo que el balance todavía mejora al de ayer, con solo 40 aprobadas.

Por eso se echaron en falta esta vez grandes pactos en demografía, empleo, igualdad, sanidad, educación, infraestructuras o idioma. Visto desde fuera, resulta desalentador que hubiese más sintonía entre PPdeG y PSdeG en cuestiones relacionadas con la crisis abierta en Cataluña, por muy importante que sea y por mucho que se juegue en ella nuestra comunidad, que en los propios problemas del día a día de Galicia.

→ Debate cómodo para Feijóo
Feijóo reconoció en la jornada inaugural que este debate era para él el «menos difícil» de los siete a los que se enfrentó como presidente. Con tal afirmación se refería a la mejor situación económica con la que afrontó la cita y con la que encara el segundo año de su tercera legislatura, pero lo cierto es que también fue para él un debate cómodo en el plano político. Se plantó en la tribuna de O Hórreo con anuncios bajo el brazo y con una oposición que no consiguió los resultados esperados. Otra vez.

Instalado en la única mayoría absoluta de España, Feijóo y su grupo no necesitaron esta vez ni hacer un guiño a la oposición: directamente pasaron el rodillo y rechazaron todas y cada una de sus 120 iniciativas, algo tan insólito como quizás poco apropiado. Otra materia con mala nota.

→ Vuelve la polarización
Y el capítulo de suspensos lo completa la oposición. En el caso de En Marea, la votación diferenciada de parte de sus diputados en un punto sobre el referéndum catalán alimentó la imagen de división. Lo grave no es que pulsaran diferente botón, ya que la libertad de voto frente a la disciplina férrea de partido es una práctica muy elogiable y que lamentablemente apenas se ve; lo preocupante es que en el partido instrumental convivan visiones tan diferentes que llegue un momento que sean difíciles de contener bajo una única marca. Fue además en el peor momento, ya que Luís Villares había firmado una buena intervención el miércoles y, con un estilo que recordó por momentos al de Beiras, logró polarizar el debate entre PP y En Marea, una estrategia que el veterano nacionalista bordaba muy bien a los mandos de Age y que los populares alimentaron porque les resultaba cómoda.

Una polarización que ni un PSdeG con la cabeza en otro lado ni un BNG que esta vez no logró esa imagen de líder de la oposición consiguieron contrarrestar y que seguro que no será la última vez que se ve en este curso político.

LA XUNTA GANA LA BATALLA A LAS CÍES. El Consejo de Patrimonio Histórico aprobó ayer en La Rioja la inclusión de Cíes-Parque Nacional Illas Atlánticas en la lista de aspirantes a ser candidaturas a Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Hasta ahí todo correcto. Lo que ocurre es que en un lugar como Vigo, donde para abrir una crisis política basta cambiar una papelera de acera, la cosa tiene más miga de la que parece.

Porque mientras la Xunta celebró ayer la noticia y desplazó a la ría de Vigo a dos conselleiros y varios altos cargos, en el Ayuntamiento nadie aplaudió. Y es que la inclusión en la candidatura de todo el parque de islas cierra la puerta a la pretensión de Abel Caballero de limitar la distinción a las Cíes. El Gobierno gallego se apunta el primer tanto en la batalla de las islas Cíes.

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