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La DUI y el DIU

La DUI (Declaración Unilateral de Independencia) pasó de ser el legado delictivo del separatismo a facilitar el juego fácil de palabras y chistes. El DIU no tiene nada que ver con la DUI, si bien es muy recurrente y tentadora la comparativa de ambas siglas por tratarse del Dispositivo Intrauterino anticonceptivo más famoso del mundo después del condón, la pastilla, la marcha atrás y la abstinencia. Como en el diccionario del separatismo radical, excluyente y militante no figura la abstinencia, quizás la DUI nació con vocación de DIU, es decir, de permitir y facilitar el acto sin posibilidad de embarazo. Y eso es lo que ha experimentado el independentismo golpista inconstitucional: una especie de orgasmo secesionista delirante que da mucho placer pero que no se puede materializar en amor verdadero ni en proyecto común legal entre Cataluña y España.

El independentismo no deja de ser una aventura romántica y clandestina al margen de la Ley, de Europa, de la libertad y de la convivencia. Y mientras la Constitución del 78 no se reforme y el separatismo no se serene con la medicación de la legalidad, jamás habrá posibilidad de que la semilla prenda y fructifique, es decir, de que tras un saludable embarazo la niña nacida de esa fecundación furtiva se pueda llamar República Independiente de Cataluña. Era visto que el discurso del rey Felipe VI desniveló las dudas y reticencias en favor de la fortaleza de los tres poderes del Estado. Y esa intervención permitió al PSOE y a la sociedad aparcar el complejo para desencadenar la mayor manifestación de unidad en España desde el 23-F o el secuestro y el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Esa muestra de fortaleza ciudadana del domingo en Barcelona, y el constante goteo de fuga de empresas pusieron contra la espada y la pared a Puigdemont. La Declaración Unilateral de Independencia... de aquella manera, de esta, de la otra, en diferido, en directo, en una sola entrega, por capítulos, suave, contundente, electoral, plebiscitaria o como se quiera interpretar, no es posible en este mundo globalizado, donde salvo accidentes como el brexit, todo tiende a sumar y no a restar.

El secesionismo puede tratar de imponer un referéndum pactado, un diálogo o una mediación imposibles con quienes se han situado por encima de la Ley. Llegados a este punto, la única solución que debe funcionar es la de la sensatez y la cordura, la de la razón constitucional y la defensa de la unidad de España y de la soberanía nacional. Puigdemont puede llamarle DUI, DIU, procés o lo que quiera que fuera lo que vimos de nuevo en el Parlament. Pero la realidad es que España es fuerte y desde el 23 de febrero de 1981 no se ha prestado ni se puede prestar a conspiraciones golpistas ya sea con el levantamiento de armas o por la vía de la desobediencia, la sedición y la rebeldía de las autoridades catalanas que incumplen la Constitución española. La DUI nunca pudo ni podrá ser lo que pretendió porque el DIU del Estado no lo va a consentir. Como decía el genial Eugenio, ¿saben aquel que diu?... Pues eso.

La DUI y el DIU
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