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Romper fotos o debatir y debatir

ENTRAR EN una guerra de romper fotos en el Parlamento es la evidencia de la incapacidad para exponer ideas, discutirlas y debatirlas. Es la negación del diálogo. Es una antítesis de lo que define el parlamentarismo. Apunta a una carencia de recursos argumentales que seduzcan a la audiencia. Sucedió ayer en en la Cámara gallega con un diputado del BNG, Luis Bará, que rompe una foto del Rey para denunciar la «ley mordaza». Y sucede igualmente con la respuesta de un diputado del PP, Alberto Pazos, cuando rompe una foto de Otegi en la que aparecía con el diputado del Bloque. Esa no es respuesta de un parlamentario que cabría esperar que se mueve en el terriotrio de la templanza política. Protestar contra las restricciones de las libertades no solo es legítimo, es incluso saludable. Organizar un show para ello es asunto diferente. Y si el espectáculo, además, es de dudosas formas, por no hablar de incívico por muy legal que sea, no parece el camino para retirar mordazas en un sistema de libertades. Bien está que el Bloque se incorpore a la causa de la libertad de expresión, del pluralismo en la sociedad, seña de identidad de las sociedades abiertas o libres, de las democracias occidentales frente a los totalitarismos de todo signo. Y bien está que la derecha o el centroderecha responda a los excesos escénicos pero no con esas mismas formas. Escenas como las de ayer no contribuyen precisamente a subir el nivel de credibilidad y respeto de los ciudadanos ante el trabajo de la Cámara.

Campo para el consenso
La situación de la Diputación de Lugo, tras el cese de Manuel Martínez, abre el espacio para la negociación y los pactos entre los grupos.El consenso necesita voluntad también en la oposición. La próximidad electoral lo dificulta.

Romper fotos o debatir y debatir
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